You are currently viewing Mi noche prohibida en el yate privado: placer elite sin límites

Mi noche prohibida en el yate privado: placer elite sin límites

Estábamos en mi yate privado, anclado en una cala secreta de Ibiza. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro. Olor a cuero nuevo de los asientos, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Tú, mi socio en ese trato millonario, revisando los contratos sobre la mesa de caoba. Nuestras miradas se cruzaban… intensas. Sentía tu polla endurecerse bajo los pantalones de diseño.

—Ven… ven conmigo abajo —te susurré, voz ronca, rozando tu oreja con los labios.

La tensión sube entre contratos y miradas ardientes

Bajamos a la suite VIP, puertas blindadas que se cerraron con un clic suave. Luces tenues, cadenas de plata pulida colgando de un poste central forrado en terciopelo rojo. Sacrifiqué las cuerdas de seda negra de mi bolso Louis Vuitton. Te até las manos a las cadenas, pies separados. Tenías algo de juego, pero eras mío.

—¿Estás cachondo, verdad? —sonreí, desabrochando tu cinturón. Pantalón y bóxers abajo, tu polla tiesa saltó, venosa, palpitante. Olía a hombre excitado, a colonia cara mezclada con sudor.

Me arrodillé, lengua rozando la punta. Gemiste. Lamí despacio, de las bolas al glande, saboreando el precum salado. Te tragué entera, garganta profunda, mientras masajeaba tus huevos pesados. Agarraste mi cabeza, follándome la boca con fuerza. Tosí, pero seguí, saliva chorreando.

Me levanté, subí la falda de seda, quité las braguitas de encaje. Te las acerqué a la nariz: —Huele mi coño mojado, grábatelo.

Te giré, acorté las cuerdas. Solo 6 cm de margen. Me pegué, tu polla deslizándose por mi raja húmeda, rozando el clítoris hinchado. —Muévete, conejito…

Me giré, apoyada en el poste, culo en pompa. Empujaste, clavándote en mi coño chorreante. Me masturbé el clítoris, gimiendo bajito, orgasmos rápidos antes que tú. Pero no quería que corrieras aún.

Me aparté, te abrí las nalgas. Lamí tu culo apretado, lengua hurgando. —Baja el pantalón, te molesta —supliqué.

—No —reí, sacando mi arnés con dildo grueso de 20 cm.

Escupí en tu ano, dedo dentro, suave. Dilataste, gemiste. Segundo dedo. —Te gusta, ¿eh? Toma esta polla gorda.

Empujé el dildo, centímetro a centímetro. —¡Joder, Flor, eres una puta! —gruñiste, pero arqueaste la espalda.

Te follé el culo fuerte, tirando de tus caderas, nervaduras rozando tus paredes. —¡Más! —pediste.

El éxtasis brutal en la suite privada

—Necesito ayuda —jadeé.

La puerta se abrió. Tres tíos VIP, amigos selectos: Mick con piercings, Fred el grandullón, Nico fumando un puro. Te enculé Mick primero, su polla perforada entrando fácil en tu culo abierto. Tú gemías como loco.

Yo te besé: —¿Sigue gustándote, conejito?

Fred se acercó, te chupó las bolas con rudeza, luego la polla. Nico me miró, masturbándose. —Estás empapada —dijo.

Monté su verga dura, cabalgando salvaje mientras Fred te sodomizaba con su monstruo. Olía a sexo, sudor, champán derramado. Corrí gritando, coño apretando.

Te desaté un poco. Follarte el culo de Mick, con Fred detrás en el tuyo. Cadena de placer. Corriste dentro de él, Fred en ti. Mick te folló la boca, llenándotela de leche caliente. Lamiste todo.

Tu polla revivió. Los eché: —Fuera, chicos.

Te tumbé en el colchón de satén, pajeándote furiosa. —Córrete, dame tu lefa.

Explotaste en mi mano, chorros espesos. Limpié, me vestí: falda, tacones Louboutin.

—¿Vienes o qué?

—Flor, joder, dame un minuto…

Subí a cubierta, champán en mano, como si nada. Nuestro secreto elite. Contratos firmados al amanecer.

Leave a Reply