Hace tiempo que no nos veíamos, ¿sabes? Nos reencontramos por internet, como por arte de magia. Mensajes calientes, recuerdos de aquellas noches locas. Le conté todo: mi vida de excesos, fiestas en clubes exclusivos, yates y jets privados. Él, el mismo: millonario, poder en las venas. ‘Ven al yate esta noche’, me dijo. ‘Hablamos del contrato y… lo que surja’. Mi pulso se aceleró.
Llegué al puerto de Marbella al atardecer. El yate, un monstruo de 50 metros, brillaba bajo las luces. Olía a sal marina mezclada con cuero nuevo de los asientos. Subí la pasarela, tacones resonando. Él esperaba en la cubierta superior, smoking impecable, copa de Dom Pérignon en mano. ‘¡Cariño!’, sonrisa lobuna. Me besó en las mejillas, pero su aliento rozó mi oreja. ‘Prueba esto’, champagne frío, burbujas explotando en mi lengua, dulce como pecado.
La Tensión en el Yate: De Negocios a Deseo
Nos sentamos en la sala VIP, sofás de piel italiana, vistas al mar infinito. Dossiers sobre la mesa de cristal: contratos millonarios, mi marca de lencería de lujo en su red de hoteles. ‘Firma aquí’, dijo, pero sus ojos devoraban mis piernas cruzadas, la falda subiendo un poco. Yo jugaba: ‘¿Y las cláusulas ocultas?’, guiño, roce accidental de mi pie en su pantorrilla. La tensión crecía. El aire acondicionado zumbaba suave, pero sudábamos. ‘Necesitamos privacidad’, murmuró, cerrando la puerta blindada. El yate zarpó, solo nosotros y la tripulación invisible abajo.
De repente, su mano en mi nuca. ‘Te he echado de menos, puta mía’. Beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a champagne y testosterona. Me arrancó la blusa de seda, pezones duros contra su pecho. ‘Mírate, cachonda’, gruñó, pellizcando. Caí de rodillas en la alfombra persa, cremallera abajo. Su polla saltó, gruesa, venosa, goteando pre-semen. La chupé hondo, garganta apretada, babas cayendo. ‘Joder, sí, trágatela toda’. Él me follaba la boca, caderas embistiendo, olor a macho puro.
El Clímax Brutal y el Regreso a la Normalidad
Me tiró sobre el sofá, falda arriba, tanga rota. ‘Abre las piernas, zorra’. Mi coño chorreaba, labios hinchados, clítoris palpitando. Dos dedos dentro, chapoteo obsceno. ‘Estás empapada, puta’. Lamida brutal, lengua en mi ano, succionando jugos. Gemí: ‘¡Fóllame ya, cabrón!’. Se puso de pie, polla alineada. Entró de un golpe, rompiéndome, coño estirado al límite. ‘¡Qué apretada!’, rugió, martillando sin piedad. Yo clavaba uñas en su espalda, tetas rebotando, sudor mezclado.
Cambié de posición, a cuatro patas sobre la mesa de contratos. Papeles volando. ‘Dame por el culo’, supliqué, ansiosa. Escupió en mi ano, empujó lento al principio, luego bestial. ‘¡Ahhh, joder, rómpeme!’. Polla en mi culo, bolas golpeando coño. Me masturbaba el clítoris, chorros salpicando. Él aceleró: ‘Me corro, puta’. Caliente dentro, semen llenándome. Yo exploté, espasmos, gritando, piernas temblando. Olía a sexo crudo, semen y coño.
Jadeando, nos separamos. Ducha rápida en el baño de mármol, toallas calientes. Vestidos de nuevo, él alisó el smoking. ‘Contrato firmado’, sonrisa cómplice. Bajamos a cubierta, tripulación sirviendo caviar como si nada. Besa en la mejilla: ‘Hasta la próxima, preciosa’. Desembarqué, piernas flojas, secreto elite guardado. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo.