Estaba en mi yate privado, anclado frente a Ibiza. El sol se ponía, tiñendo el mar de naranja. Olía a sal y a cuero caro de los asientos. Invité a mis amigos VIP: Javier, el empresario con polla enorme; su mujer Lola, tetas de infarto; y Marco, el italiano musculoso que siempre me mira como si quisiera follarme ya.
Serví champagne Dom Pérignon, frío, burbujeante. Vestía un vestido de seda negro, corto, sin bragas. Sentía la tela rozando mi coño depilado. Hablábamos de contratos millonarios, fusiones… pero los ojos decían otra cosa. Javier rozó mi muslo al pasarme la copa. ‘Cuidado, guapa’, murmuró, pero su mano subió un poco más. Lola sonrió, lamiendo el borde de su copa. ‘Este yate es para pecar, ¿no?’
La tensión sube en la cubierta de lujo
La tensión crecía. Marco me sirvió más champagne, su aliento en mi cuello. ‘Hueles a deseo’. Me reí, nerviosa. Yo… no sé, el poder de estos momentos me pone cachonda. Bajamos la voz, los contratos quedaron olvidados. Cerré la cubierta con un botón, activando la privacidad total. Luces tenues, música suave. ‘Ahora sí, solos’, dije, quitándome los tacones. El espacio VIP se volvió nuestro nido.
Javier me besó primero, salvaje. Sus manos en mi seda, rasgándola. ‘Quítatelo todo’. Obedecí, mis tetas al aire, pezones duros. Lola se acercó, chupándome un pezón. ‘Mmm, qué rica’. Marco ya tenía la polla fuera, gorda, venosa. ‘Chúpala, puta’. Me arrodillé en la alfombra persa, olor a cuero y sexo. Lamí su glande, salado, tragué hasta la garganta. Javier me follaba la boca por detrás, alternando.
El clímax salvaje en la suite privada
Lola se desnudó, su coño rasurado brillando. ‘Lámeme, cariño’. Me tumbé, su clítoris en mi lengua, jugoso, dulce como el champagne. Javier me penetró el coño de golpe. ‘¡Joder, qué apretada!’. Embestía fuerte, chapoteando mi humedad. Marco follaba mi culo, lubricado con saliva. ‘¡Agh, sí, rómpeme!’. Dolor y placer, pollas rozándose dentro de mí, doble penetración brutal. Gritaba, ‘¡Más, coño, más!’.
Cambiaron. Lola encima de mi cara, me ahogaba en su flujo. Javier en mi coño, Marco en el culo. ‘Voy a correrme’, gruñó Javier. ‘¡Dentro, lléname!’. Su leche caliente inundó mi útero, chorros potentes. Marco eyaculó en mi ano, espeso, goteando. Lola se corrió en mi boca, squirt salado. Yo exploté, temblores, coño contrayéndose, chorros míos salpicando.
Exhaustos, jadeando. Olía a semen, sudor, champagne derramado. Nos limpiamos con toallas de seda, riendo bajito. ‘Nadie lo sabrá’, susurró Lola, besándome. Vestí mi seda rota, peinado perfecto. Subimos a cubierta, contratos en mano. Brindamos como si nada. ‘Buen negocio’, dijo Javier, guiñando. Nuestro secreto de élite, adrenalina pura. Mañana, más poder, más placer.