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Mi Noche Prohibida en el Yate Privado de Ibiza

Acabo de volver de Ibiza, y aún siento el calor en la piel. Era un yate privado, de esos que solo acceden los que firman cheques de seis cifras. El lounge olía a cuero nuevo y sal marina, con sofás de piel italiana que crujían suave al sentarte. Luces tenues, copas de cristal tallado tintineando, y el rumor de las olas contra el casco. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, escote que deja poco a la imaginación, y tacones Louboutin que clicaban en la cubierta.

Él era Alex, un inversor con traje a medida, ojos que devoraban. Nos conocimos por un contrato, uno de esos deals millonarios. Papeles sobre la mesa baja de cristal, bolígrafos Montblanc rodando. ‘Firma aquí’, le dije, rozando su mano. Él sonrió, nervioso. ‘¿Segura de que solo es negocio, Carmen?’

La Tensión en el Lounge del Yate

Me reí bajito. ‘Por ahora…’. Mi pie descalzo, solo con media de seda, rozó su tobillo bajo la mesa. Él se tensó, miró los dossiers, pero su polla ya se notaba endureciéndose bajo los pantalones. ‘Eh… esto… los términos son claros’, balbuceó, mientras yo subía lento por su pantorrilla. Olor a su colonia cara, madera de sándalo, mezclado con el champagne Dom Pérignon que burbujeaba en mi copa. Tomé un sorbo, el dulzor frío en la lengua, y apreté más. Él jadeó suave. ‘Carmen, joder… aquí hay gente.’

El lounge era semi-privado, pero con vistas al mar negro, estrellas brillando. Un par de jeques al fondo charlaban en árabe, ajenos. Mi pie llegó a su entrepierna, masajeando esa polla hinchada. ‘Cuéntame un secreto, Alex. Algo sucio.’ Él tragó saliva, mano temblando en el contrato. ‘Yo… me flipa el culo. Follar por detrás, duro.’ Sonreí maliciosa. ‘Mmm, ¿y si te digo que el mío está abierto para ti?’

Sus ojos se dilataron. ‘¿En serio? Joder, Carmen…’ Me levanté, tirando los papeles. ‘Ven, la cabina principal nos espera.’ Lo arrastré por el pasillo alfombrado, olor a lujo, puertas de caoba cerrándose. Espacio VIP puro: cama king size con sábanas de hilo egipcio, jacuzzi burbujeando.

Lo empujé contra la pared, besándolo feroz. Sus manos en mi culo, amasándolo. ‘Quítame el vestido’, ordené. Cayó al suelo, mis tetas libres, pezones duros. Él se arrodilló, lamiendo mi coño ya mojado. ‘¡Dios, qué rico sabe!’, gruñó, lengua hurgando mi clítoris, chupando jugos. Gemí, ‘¡Más, cabrón, chúpame el coño hasta que me corra!’.

El Éxtasis Brutal en la Cabina Privada

Lo tiré a la cama, piel caliente contra seda fresca. Le bajé los pantalones, polla gorda saliendo, venas pulsando. ‘Ahora te la chupo yo.’ Boca llena, saliva chorreando, mamando profundo hasta la garganta. Él agarró mi pelo, follando mi boca. ‘¡Joder, qué puta mamada!’

Me puse a cuatro, culo en pompa. ‘Fóllame el culo, Alex. Sin piedad.’ Escupió en mi ojete, dedo entrando primero, lubricando. Luego su polla cabezona empujando. ‘¡Aaaah, sí! Métemela toda, rómpeme el culo!’ Entró centímetro a centímetro, estirándome, dolor-placer quemando. Embestidas brutales, huevos golpeando mi coño. ‘¡Tu culo es una puta gloria, tan apretado!’, rugió. Yo gritaba, ‘¡Más fuerte, fóllame como a una perra élite!’. Sudor goteando, olor a sexo crudo, piel chocando.

Cambié, montándolo, polla en mi culo rebotando. Manos en sus huevos, apretando. Él pellizcó mis tetas, ‘¡Córrete, puta, aprieta mi verga!’. Explosé, coño chorreando sin tocarlo, él eyaculando dentro, leche caliente llenándome el culo.

Jadeando, nos separamos. Ducha rápida, vapor y jabón caro. Volvimos al lounge como si nada. Copas de nuevo, contratos firmados. ‘Buen negocio’, dije guiñando. Él sonrió, ‘El mejor secreto VIP’. Los jeques ni se inmutaron. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. Aún siento su semen resbalando.

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