Mi noche prohibida en el yate privado de Diego

Estaba en Ibiza, en ese yate privado anclado en la cala más exclusiva. Diego, ese empresario con ojos de depredador, me había invitado a ‘revisar contratos’. Yo… uf, sabía que era una excusa. Llevaba un vestido de seda negro, corto, que se pegaba a mi piel sudada por el calor mediterráneo. Solo un tanga rojo y pezoneras debajo. El aire olía a sal y colonia cara.

Entré en la sala VIP, sofás de cuero blanco, luces tenues, botellas de Dom Pérignon enfriándose. Diego me esperaba con una sonrisa ladeada, traje impecable. ‘Ven, siéntate’, dijo, señalando a su lado. Hablamos de negocios, pero sus ojos bajaban a mis tetas, a mis piernas cruzadas. Me sirvió champagne, burbujas frías en mi lengua, dulce como pecado. Su mano rozó mi rodilla. ‘Solo contratos, ¿eh?’, murmuré, pero no la aparté.

La tensión en el club exclusivo del yate

La tensión subía. El yate se mecía suave, olas chocando. Otros VIPs charlaban lejos, risas lejanas. Su dedo subió por mi muslo, piel de gallina. ‘Diego… no prometiste nada’, balbuceé. Él rio bajo. ‘Eres tan puta elegante’. Mi coño ya palpitaba, húmedo contra la seda. Me besó el cuello, olor a cuero y sudor masculino. La sala VIP se vació, como por arte de magia. Nos quedamos solos, puerta cerrada. Espacio privado ahora.

Me empujó contra el sofá, vestido arriba, tanga a un lado. ‘Mírate, chorreando’, gruñó. Su boca en mi coño, lengua lamiendo labios hinchados, chupando clítoris. Gemí fuerte, manos en su pelo. ‘¡Joder, sí!’. Metió dos dedos, follando mi entrada, jugos goteando. Yo arqueé espalda, tetas fuera, pezones duros como piedras. Él los mordió, tirando, mientras su polla dura presionaba mi muslo.

El clímax brutal en la cabina privada

Me arrodillé, cuero frío en rodillas. Saqué su verga, gruesa, venosa, goteando precum. ‘Qué polla más gorda’, susurré. La chupé despacio, lengua en el glande, tragando hasta la garganta. Él jadeó, ‘¡Cojones, trágatela toda!’. Aspiré fuerte, bolas en mi mano, mordisqueando el tronco. Él me folló la boca, embestidas brutales, saliva por barbilla. ‘Me voy a correr’, avisó. Abrí boca, semen caliente jet tras jet, tragué lo que pude, resto en tetas.

No paró. Me tiró en el sofá, piernas abiertas. ‘Ahora te follo como puta’. Polla en mi coño de un golpe, estirándome, golpeando fondo. ‘¡Ahhh, rómpeme!’, grité. Ritmo salvaje, piel chocando, sudor. Cambió, me puso a cuatro, ano expuesto. Dedo en mi culo, lubricado con mis jugos. ‘Relájate, guarra’. Entró lento, dolor-placer, luego follando ano fuerte. Orgasmo me partió, coño vacío contrayéndose, gritando su nombre.

Se corrió dentro, semen caliente llenándome culo. Colapsamos, respirando agitados. Besos suaves ahora. Se recompuso, yo bajé vestido, tanga perdida en el sofá. Champagne otra copa, como si nada. ‘Nuestro secreto élite’, guiñó. Salimos a cubierta, VIPs ajenos, sonrisas falsas. Él me dejó en el jet privado que me esperaba. Regresé a mi vida de lujo, coño y culo palpitando, recordando cada embestida. Ese poder, esa exclusividad… adictivo.

Leave a Reply