You are currently viewing Mi noche prohibida en el yate privado del sur de Francia
https://nagieamatorki.net

Mi noche prohibida en el yate privado del sur de Francia

Acabo de volver de esa semana que me cambió todo. Soy Ana, casada con un tipo normal desde la uni, dos niños, rutina en París. Pero Pablo, mi viejo amigo fotógrafo, me llamó. ‘Ven a mi yate en el sur, villa privada en la Costa Azul, una semana lejos de todo’. Le dije a mi marido que era un congreso de trabajo. Dejé a los peques con mi madre y cogí el tren. El corazón me latía fuerte.

Llegué al mediodía. El yate era puro lujo: cubierta de teca reluciente, sofás de cuero blanco que olían a sal y riqueza, piscina infinita con vistas a la playa de arena fina y mar turquesa. Pablo me abrazó, sus brazos fuertes, piel bronceada, olor a colonia cara y sol. ‘Ana, estás igual de guapa, o más’. Me enseñó todo: camarote con sábanas de seda, bar con champán Dom Pérignon enfriándose.

La tensión sube en la cubierta VIP

Pasamos la tarde firmando unos contratos falsos de su próximo libro de fotos. Papeles sobre la mesa de mármol, pero los ojos… Dios, sus miradas. Él se inclinaba, su camisa abierta mostrando pecho musculado, yo cruzaba las piernas sintiendo el calor entre ellas. ‘¿Sigues fiel a ese muermo?’, me dijo riendo. Dudé. ‘Pablo, estoy casada… pero esto…’. El aire se cargaba, el sol bajando, copas de champán burbujeando, sabor dulce y ácido en la lengua.

Me metí en mi camarote a refrescarme. Agua caliente en la ducha, vapor empañando el espejo. Me miré: tetas firmes, culo redondo, depilada. Llamé a mi amiga María. ‘María, estoy con Pablo en su yate. Me muero por él’. ‘¡Ana, tienes marido!’. ‘Lo sé, pero no me folla como antes. Pablo me hace mojar con una mirada’. Ella suspiró. ‘Sigue tu coño, pero asume’. Colgué, vi a Pablo en la piscina, agua chorreando por su polla marcada en el bañador. Mi clítoris palpitó.

El clímax salvaje y el secreto compartido

Bajé. ‘Ven, nademos’, dijo. Esta vez no dudé. Agua fresca envolviéndonos, cuerpos rozando. Sus manos en mi cintura, bajo el bikini de hilo. ‘Ana, te deseo desde la fac’. La cubierta VIP se vació, tripulación desapareció por orden suya. Espacio privado. Nos besamos salvajes, lenguas enredadas, sabor a sal y champagne. Me arrancó el bikini, chupó mis pezones duros como piedras. ‘Joder, qué tetas’. Yo le bajé el bañador, su polla gruesa, venosa, saltó dura como hierro. La agarré, piel caliente, palpitante.

Me tumbó en el sofá de cuero, crujió suave. Piernas abiertas, su boca en mi coño. Lamía mi clítoris hinchado, lengua girando, dedos metiéndose profundos. ‘Estás empapada, puta casada’. Gemí, ‘Sí, fóllame Pablo, hazme tuya’. Me penetró de golpe, su polla abriéndome entera, llenándome hasta el fondo. Embestidas brutas, piel contra piel chapoteando, olor a sexo y mar. ‘¡Más fuerte, joder mi coño infiel!’. Él gruñía, pellizcando mis tetas, mordiendo mi cuello. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, su polla golpeando mi punto G, jugos chorreando por sus huevos. ‘Me corro, Ana…’. Eyaculó dentro, chorros calientes inundándome, yo exploté temblando, uñas en su pecho.

Sudados, jadeantes. Me limpió con una toalla de seda, besos suaves. ‘Nuestro secreto de élite’. Se vistió impecable, yo bikini nuevo. Cenamos en la cubierta: langosta, vino caro, risas como amigos. La tripulación volvió, sirviendo como si nada. Miradas cómplices, su pie rozando el mío bajo la mesa. Regresé a París fingiendo normalidad. Pero llevo su semen en mis sueños, el lujo de ese poder prohibido.

Leave a Reply