Acabamos de volver del picnic en las montañas privadas, mi piel aún erizada por el agua helada del río. Mis dos amantes, Patrick y Franck, millonarios de esos que cierran tratos en jets privados, me miran con esa hambre que no se sacia. El yate nos espera anclado en la cala exclusiva, todo de caoba y cuero italiano que huele a dinero viejo. Subimos, el sol se pone tiñendo el mar de oro.
En la sala VIP, la mesa baja de cristal está llena de dossiers: contratos de fusiones millonarias. Patrick, con su traje Armani ajustado, pasa las páginas, su voz grave explicando cláusulas. Franck, más salvaje, con camisa abierta mostrando el pecho tatuado, me roza la rodilla bajo la mesa. Yo, en mi vestido de seda negra que se pega a mis curvas, siento el calor subir. ‘¿Estás de acuerdo con esto, cariño?’, me dice Patrick, sus ojos clavados en mis labios. Asiento, pero mi coño ya palpita. El champagne Dom Pérignon burbujea en las copas, frío y dulce en la lengua.
La tensión en la suite VIP del yate
Franck cierra la puerta blindada del salón privado. ‘Ahora sí, solos’, murmura, su mano sube por mi muslo, rozando la tanga de encaje. Patrick deja los papeles, se acerca. ‘Estos contratos pueden esperar… tú no’. Me besan a dos bandas, lenguas expertas, olor a colonia cara y testosterona. Les empujo al sofá de piel, me arrodillo. ‘Quiero vuestras pollas ya’. Bajo la cremallera de Patrick, su verga gruesa salta, venosa, goteando pre-semen. La chupo honda, gorgoteando, sabor salado. Franck se une, su polla más larga, la meto en la boca alternando, bolas pesadas en la mano.
Patrick me levanta el vestido, rasga la tanga. ‘Mira qué coño mojado, puta de lujo’. Me come el chocho con lengua voraz, chupando el clítoris hasta que tiemblo. Franck me folla la boca, cogiéndome la cabeza: ‘Traga, zorra, que te reviento la garganta’. Me ponen a cuatro patas en la alfombra persa. Patrick empuja su polla gorda en mi culo, lubricado solo con mi saliva. ‘¡Joder, qué apretado!’, gruñe, abriéndome centímetro a centímetro, dolor-placer que me hace gritar. Franck entra en mi coño de un golpe, rellenándome entera. Doble penetración brutal, pollas frotándose dentro, separadas por una pared fina. ‘¡Folladme fuerte, cabrones!’, jadeo, uñas clavadas en el cuero.
El clímax brutal y el regreso al lujo
Olor a sexo mezclado con sal marina, sudor perlando sus torsos. Patrick azota mi culo rojo: ‘Eres nuestra puta VIP’. Franck pellizca mis tetas duras, mordiendo pezones. Ritmo animal, embistes que me sacuden, coño chorreando, culo ardiendo. ‘Me corro… ¡llenadme!’, grito. Eyaculan juntos, chorros calientes inundando mi interior, semen goteando por muslos. Me corro en espasmos, gritando su nombre, el yate meciendo con las olas.
Minutos después, jadeantes, nos recomponemos. Patrick ajusta su corbata: ‘Los contratos, por favor’. Franck sirve más champagne, como si nada. ‘Brindemos por el acuerdo’. Sonrío, piernas temblando bajo la mesa, su leche aún tibia dentro. Salimos a cubierta, trajes impecables, sirviendo copas al atardecer. Nadie sospecha el secreto: en este mundo de élite, el poder se sella con pollas y silencio.