Ay, chicas, aún huelo el cuero del yate privado de Mike. Ese aroma caro, mezclado con sal del mar y su colonia fuerte. Estábamos en el club exclusivo de Marbella, pero él me llevó directo al yate anclado. ‘Ven, Lola, hablemos de contratos’, me dijo con esa voz ronca. Yo, con mi vestido de seda negro pegado al cuerpo, 25 años y curvas que vuelven loco a cualquier hombre.
Mike, 45, casado con Kate, su jefa y dueña del imperio. Ella, fría como el hielo en los negocios, él ardiendo por mí. Nos sentamos en la cubierta VIP, champán Dom Pérignon burbujeando en copas frías. El sol se ponía, tiñendo el mar de naranja. Papeles por todos lados: contratos de obras millonarias. Él hojeaba los dossiers, pero sus ojos… uf, se clavaban en mis tetas, en mis piernas cruzadas.
La Tensión en el Yate de Lujo
‘Firma aquí, mi amor’, le susurro, rozando su mano. Siento su pulso acelerarse. Kate nos espera en tierra, en su mundo de poder, pero aquí somos reyes. La tensión sube. Él cierra el dossier de golpe. ‘Basta de papeles’. Me agarra la nuca, me besa duro, lengua invadiendo mi boca. Sabe a champán y deseo. El yate se mece suave, nadie nos ve. El espacio VIP se cierra: puerta al camarote privado.
Ya dentro, olor a madera pulida y sábanas de hilo egipcio. Me empuja contra la pared, manos en mi culo. ‘Te necesito, puta mía’, gruñe. Le bajo el pantalón, su polla dura salta, venosa, palpitante. La agarro, la chupo profundo. Glups, glups, saliva chorreando por mi barbilla. Él gime: ‘Joder, Lola, qué boca…’. Le miro con ojos de zorra, mientras mi lengua rodea el glande, saboreando su precum salado.
El Placer Brutal y el Regreso a las Apariencias
Me pone a cuatro patas en la cama king size. Siento el aire fresco en mi coño mojado. ‘Fóllame fuerte, Mike’, le ruego. Entra de un golpe, polla gruesa abriéndome. ¡Ahhh! Duele y mola. Me pilla el pelo, me azota el culo: plaf, plaf. ‘Eres mía, solo mía’, jadea. Yo grito: ‘Sí, papi, rómpeme el coño… más duro’. El barco se mueve con nosotros, sudor perlando su pecho contra mi espalda. Huele a sexo crudo, a piel caliente.
Cambiamos: yo encima, cabalgándolo. Tetazas botando, pezones duros rozando su cara. Él me mama uno, muerde suave. ‘Córrete dentro, lléname’, le ordeno. Acelero, coño apretándolo. Él explota: chorros calientes inundándome. Yo tiemblo, orgasmo brutal, jugos mezclados goteando. Nos derrumbamos, jadeos entrecortados. ‘Eres increíble’, murmura, besándome el cuello.
Pero… shhh. Afuera, la fiesta VIP sigue. Nos vestimos rápido. Yo retoco el rojo de labios, él abrocha corbata. Salimos como si nada: sonrisas perfectas, copas en mano. Kate llama por móvil: ‘¿Dónde estás?’. ‘Cerrando tratos, cariño’, responde él, guiñándome el ojo. Yo río bajito, piernas temblando aún. Nuestro secreto de élite, puro poder y placer. Mañana, más contratos… y más noches así. ¿Quién necesita divorcio cuando tienes esto?