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Mi Noche Prohibida en el Yate de Lujo con la Novia de mi Amigo

Subo silbando al yate, el sol cayendo sobre el mar Mediterráneo. El cuero de los escalones huele a nuevo, caro. Alejandro, mi amigo de la uni, me invitó a esta fiesta VIP. Pensaba en copas y charlas de negocios, contratos sobre la mesa de teca. Llevo una botella de whisky single malt en la mano, sudando un poco por la subida.

—Hola —me dice ella desde la cubierta superior, Manuela, la morena con curvas que matan.

La Tensión en el Yate Privado

—Hola… —respondo, parpadeando. Está ahí, en bikini negro bajo una bata de seda translúcida, pies descalzos sobre la madera pulida. Piel bronceada, pelo rizado cayendo a los hombros, ojos almendrados que me clavan. Su sonrisa… joder, peligrosa. El viento trae olor a sal y su perfume caro, jazmín mezclado con algo dulce.

Alejandro grita desde el salón principal: ¡Ven, cabrón! La noche promete. Pensaba en tíos solos, pero aquí está ella, su chica de vacaciones que trajo en su jet privado. Me presentamos. Él está con el portátil, revisando contratos de inversiones, champán Dom Pérignon en cubitera de cristal. Brindamos, burbujas frías en la lengua, dulces y ácidas.

La tensión sube lento. Hablamos de deals millonarios, yates como este, pero sus ojos… me miran fijo. Yo evito, charlo de fútbol y fiestas locas para sacarla del juego. Ella se recuesta en el sofá de cuero blanco, piernas cruzadas, la bata abriéndose un poco. Siento su mirada pesada toda la noche, diseccionándome mientras salimos a bares exclusivos del puerto y volvemos en lancha rápida, el mar negro y vacío.

De vuelta, Alejandro insiste en que me quede. Suite privada abajo, con jacuzzi y cama king size. Colocamos un colchón extra al pie del lecho, como en su mundo de privilegios. Hace calor, olor a sábanas de hilo egipcio y crema solar. Él se pone los auriculares, gaming online hasta el amanecer, su vicio de millonario.

Manuela sale del baño, luz tenue. Su entrepierna en encaje blanco bajo camisón crema, justo sobre mi cabeza. Se mete en la cama con él. Intento dormir, pero… nada. Insomnio con pulso acelerado. La veo de lado, culo perfecto arqueado, camisón subido. La luz del pasillo filtra oro suave.

Me siento. Mi mano tiembla, la pongo en su nalga. Suave, caliente. No reacciona. Deslizo dedos bajo el encaje, húmeda ya. Joder… su coño mojado envuelve mi pulgar. Se mueve, ondula el culo contra mí. ¿Duerme? Mi polla duele en el bóxer, dura como madera.

Alejandro grita en su juego. Me paralizo, pero sigue. Ella empuja más. Retiro la mano, me masturbo callado. Ella se gira, ojos brillando en la penumbra.

—No has terminado… mi chochito está chorreando —susurra, voz de niña mala.

El Orgasmo Brutal y el Secreto Compartido

Me arrodillo, saco la polla tiesa. La agarro del pelo, la bajo. A cuatro patas, culo arriba, camisón caído. Resiste un segundo, pero lame mi glande, salado. La empujo en la boca, follando su garganta. Gime ahogada, mano en mi vientre para no ahogarse. Su lengua gira, chupa fuerte. Me corro brutal, chorros calientes en su boca, garganta, salpicando tetas y camisón. Perlas blancas brillando. Grito mudo, dios…

Ella se toca el coño, gime bajito pero no acaba. Se levanta, me pasa rozando: —Cerdo… —va al baño, agua corriendo.

Culpa me come, pero excito al pensarlo. Más tarde, la oigo pedirle sexo a él. Niega, cansado. Sonrío en la oscuridad.

Al amanecer, café humeante en la cocina panorámica, vistas al mar. Ella sale en toalla rosa, tetas desbordando, coño casi visible. Se pone bragas a contraluz, ninfa dorada.

—¿Sigues aquí? —dice fría.

—Acabo el café y me piro.

Se viste el bikini, ignorándome. Me acerco: —Si me tocas otra vez, te mato.

Huyo por la pasarela, polla medio dura recordando su culo. Secreto elite, nuestro. Mañana, como si nada, en este mundo de yates y poder.

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