Acabo de bajar del jet privado en Estrasburgo, el aire helado de diciembre me eriza la piel bajo el abrigo de cachemira. Mi amante, Javier, me espera en el Rolls del hotel palace, justo al lado de la catedral iluminada. Navidad VIP, luces doradas, champán Dom Pérignon en la suite presidencial. Eh… entro, huelo el cuero nuevo de los sofás, suave como una caricia prohibida. Él está ahí, con su traje Armani, revisando contratos sobre la mesa de mármol. ‘Cariño, si enciendes otro de tus putos cigarros, te juro que te monto un show que no olvidas’, le digo riendo, pero con fuego en la voz.
Se gira, ojos oscuros clavados en mí, interrogante, inocente. Yo me acerco, inhalo el aroma del bosque negro de una vela que pedí especial, imitación perfecta de tarta alsaciana. El mayordomo rumano nos mira de reojo, embozado hasta las orejas. Javier suspira, evita las miradas de los que pasan por el lobby. Seis meses juntos, relación moderna: él en Madrid, yo volando entre jets, nos vemos cuando nos pica el deseo. He cambiado sus hábitos, nada de perros peludos en el sofá, sábanas frescas sin humo. Pero yo… yo soy simple, ¿no? Ja, miento. Le echo bronca por no planchar las camisas bien.
La Tensión que Quema en el Salón Privado
Venimos a celebrar Navidad en pareja, palabra que me excita y oprime. Él limpió todo: cambió cortinas porque odio ciertos tonos, me dio armario propio lejos del olor a tabaco, hasta rapó a su chihuahua por mí. Llego a la suite, valija Louis Vuitton, y en vez de abrazos, ‘¡Date prisa! Quiero ver las luces exclusivas del club VIP antes de medianoche’. Paseamos enlazados, frío mordiendo, centro desierto pero brillante. Reserva en el restaurante top, mesa no fumador, ventilada, lejos de cocinas. Él calla, mordiéndose la uña.
Llegamos al salón privado, contratos esparcidos: deals millonarios, fusiones. Javier hojea papeles, yo sirvo champán, burbujas frías en la lengua, dulces como pecado. Nuestras miradas chocan, tensión sube. Sus dedos rozan mi muslo bajo la mesa de cristal, seda de mi falda Chanel susurrando. ‘Firma aquí’, dice ronco, pero su pie sube por mi panty. Huelo su colonia cara mezclada con humo reprimido. La puerta se cierra con clic, mayordomo fuera. Espacio nuestro, VIP total. Me empujo contra él, labios chocan, lenguas bailan con sabor a caviar y deseo.
El Éxtasis Brutal y el Regreso al Juego
De repente, brutal. Me arranca la blusa, pechos libres, pezones duros como diamantes. ‘Joder, qué tetas’, gruñe, chupándolos fuerte, mordiendo hasta doler placer. Yo bajo la cremallera, su polla salta, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Fóllame ya’, jadeo, arrodillándome en la alfombra persa. La trago entera, garganta profunda, bolas en mi mentón, saliva chorreando. Él gime, agarra mi pelo: ‘Puta española, chúpala bien’. Me pone a cuatro patas sobre el escritorio, contratos volando, tinta manchada. Empuja su verga en mi coño empapado, chapotea hondo, clítoris palpitando. ‘¡Más fuerte, cabrón!’, grito, nalgas rebotando contra su pelvis, sudor oliendo a sexo y cuero. Me da en el culo, dedo primero, luego polla entera, ano ardiendo, estirado. Doble penetración con vibrador de la mesita, orgasmo me parte, squirt mojando papeles. Él eyacula dentro, leche caliente llenándome, goteando piernas.
Respiro agitada, él se sube pantalón. Limpiamos rápido, champán para disimular temblores. Firma los contratos, sonrisa profesional. ‘Perfecto, socio’, dice al teléfono, como si nada. Yo arreglo maquillaje, falda impecable. Bajamos al restaurante, enlazados, él pide vino tardío. Fuma disimulado, yo finjo bronca juguetona. Nadie nota el secreto: su semen aún en mí, mi coño palpitando. Paseamos luces, brindamos por Navidad élite. Mañana, mudanza juntos. Sellamos con beso casto, pero fuego eterno.