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Mi Noche Prohibida con Roger en el Yate Privado

No esta noche, joder… Es el turno de Roger, el nuevo. Pronúncialo ‘Rodjeur’, al estilo yankee. Pobre chaval, tiene que controlarse, no como anteayer que la cagó. Tres frases, tres movimientos y ya tiembla. Le echo un cable para que coja confianza en este curro, pero que se espabile. No me va a dar la noche todos los días con su puto trac. Sé que ser ‘el hombre’ pide huevos, pero hoy cero errores.

Oigo la puerta de la suite del yate cerrarse. Clac. Su señal. El público VIP callado, esa discreción que pesa en el salón principal. Madera noble, olor a cuero nuevo de los sofás italianos, burbujas de Dom Pérignon flotando en copas de cristal. Pronto dirá sus líneas: “Hi dear, where are you?”. La interrogación corta el aire. Suspense puro, como en Hitchcock. Rodjeur lo clava esta vez, pone el corazón… y luego el resto.

La Tensión en el Yate de Lujo

Me busca por la suite privada del yate, anclado frente a Ibiza. Luces tenues, viento salado colándose. Estoy en el sillón de cuero negro, hundida, desnuda. Piernas abiertas, mano entre los muslos, jadeando bajito. Esperando que me sorprenda, que vea esta desnudez lasciva, mi necesidad de evadirme un rato. Es el guion, mi contrato, su trato. Rodjeur entra con pinta de galán, como Errol Flynn pero con bigote à la Belmondo. Traje impecable, maletín en mano.

“What?”, suelta, fingiendo shock. El público contiene la respiración. Ese ricachón al lado de la barra, con su copa, nos mira fijo. Rojo como un tomate, cachondo perdido. Yo no hablo. Mi cuerpo lo hace. Tetas firmes, coño húmedo brillando bajo la luz LED. ¿Por qué desnuda? ¿Por qué tocándome así? Él lo sabe, pero finge. Tension entre dossiers de contratos sobre la mesa baja, miradas que queman. El espacio VIP se cierra, cortinas de seda corridas. Ahora es nuestro.

Rodjeur no duda. Se acerca al sillón, sonríe pícaro. Yo lo miro, hambrienta. Él desabrocha la braguette, saca la polla. Floja aún, pero gruesa. Nada de botones, hay que activarla a mano. La agarro, fuerte. Mi mano sube y baja, ritmo experto. Se pone tiesa rápido, venas hinchadas, cabeza roja. Roger crispado, pero yo controlo. Le bajo el pantalón y el slip. Ahora desnudo de cintura para abajo, polla apuntando al techo.

El Acto Brutal y el Regreso al Juego

Me la meto en la boca. Joder, qué sabor. A cuero mojado del maletín, a champagne salado, con un toque otoñal de nueces. Mejor que la de Brandon en verano o Nick en invierno. Esta es un regalazo, gorda, larga. Las huevos asimétricas, la izquierda más alta, bailando contra mi barbilla. Me la como entera, garganta profunda. Chup chup, saliva goteando. Lengua en el frenillo, mordisquito en la piel. Él gime: “Oh fuck, yes…”. Ritmo infernal, mano y boca sincronizadas. Gota de pre-semen, salada. Él empuja suave, follando mi cara. Olor a sexo puro, sudor caro mezclado con colonia Versace.

El cliente ahí, mano en la boca, pensando. ¿Ha visto esto antes? No importa. No lo dejo escapar. Chupo más fuerte, bolas en la mano, masajeando. Roger ruge bajito, polla palpitando. Cerca del clímax, pero aguanta. Yo acelero, garganta apretando. Detalles crudos: venas pulsando en mi lengua, sabor almizclado intensificándose. Él explota. Leche caliente, chorros espesos llenándome la boca. Trago todo, lamiendo limpia.

Se sube el pantalón, corbata perfecta. Yo me limpio la comisura con el dorso, sonrisa felina. Copas tintinean. “Bien, Rodjeur, ahora los contratos”. Volvemos a la mesa, dossiers abiertos. Miradas cómplices con el público. Champagne otra vez, risas educadas. Como si nada. Secreto de élite. El yate arranca, noche sigue. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo.

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