Dios, aún tiemblo recordándolo. Ese verano en Ibiza, el calor era un infierno, 38 grados que te derretían la piel. Yo, lista para una fiesta en el club Pacha, pero primero paso por el hangar privado del aeropuerto. Tengo un contrato que firmar para chartear un jet la próxima semana. Pelo negro suelto, ondulado perfecto, eyeliner afilado, manicura roja impecable. Llevo un vestido de seda negro que se pega al cuerpo por el sudor, escote que deja ver justo lo suficiente. Mi tanga de La Perla roza mi coño cada paso.
Allí está él, Javier. Piloto de jets privados, 1,80 de puro músculo definido. Jeans ajustados, camiseta que marca sus pecs duros, olor a colonia cara y cuero nuevo. Me mira el escote mientras revisamos los papeles en la cabina VIP del Gulfstream. Asientos de piel italiana, suave como un susurro. ‘Firma aquí, preciosa’, dice con voz grave. Nuestros dedos se rozan, electricidad. El aire acondicionado falla un poco, hace bochorno. ‘Hace calor, ¿no?’, balbuceo, abanicándome. Él sonríe, ojos clavados en mis tetas. ‘Sí, pero tú lo aguantas bien’. Tension sexual pura, el contrato olvidado.
La tensión sube en la cabina de lujo
Cojo una botella de Dom Pérignon del minibar, para celebrar. ‘¿Tire-bouchon?’, pregunto. Él lo abre con un cuchillo suizo, pop. Salimos, pero la puerta blindada del hangar se atasca. Empujo, él fuerza. Nada. ‘Mierda, estamos jodidos’, dice riendo. Luz tenue de emergencia, oscuridad casi total. Nadie pasa por aquí de noche. ‘Bueno, al menos champán fresco’, digo, sirviendo en copas de cristal que encontramos. Brindamos, burbujas dulces en la lengua, olor a cuero caliente y su sudor masculino.
Nos sentamos en los asientos reclinables, piernas rozando. Hablamos tonterías, pero las miradas queman. ‘Eres jodidamente sexy’, murmura. Su mano en mi muslo, seda subiendo. Me besa, labios firmes, lengua invadiendo. Gimo, ‘Espera… ¿y si nos pillan?’. ‘Que nos pillen follándolos’. Le arranco la camiseta, lamiendo sus abdominales salados. Tetas fuera del vestido, pezones duros como diamantes. Él chupa uno, muerde suave, ‘Deliciosas, cabrón’. Manos en mi tanga, ya empapada. Dedos en mi coño, resbaladizo, ‘Estás chorreando, puta caliente’.
Follada brutal en la oscuridad total
Le bajo los pantalones, polla gruesa saltando, venosa, cabeza hinchada. La masturbo, dura como hierro. ‘Chúpamela’, ordena. Me arrodillo, boca llena, saliva goteando. Chupo profundo, garganta abierta, bolas en mi mano suave. Él gime, ‘Joder, qué boca’. Lengua en el culo, lamiendo ano mientras masturbo. Cambio: él me come el coño, lengua en clítoris hinchado, dedos follando mi agujero. ‘Córrete, zorra’. Exploto, jugos en su cara.
Me monta en el asiento, polla embistiendo mi coño. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito. Entra hasta el fondo, pistoneando brutal, tetas rebotando. Cambio a cuatro patas sobre la consola, él atrás, azotando nalgas. ‘Ahora el culo, ¿quieres?’. ‘¡Sí, rómpemelo!’. Escupe, empuja en mi ano apretado. Duele placer, ‘¡Más, cabrón!’. Me taladra, bolas golpeando, mano en clítoris. Grito orgasmos, él eyacula dentro, leche caliente llenándome el culo, chorros potentes.
Sudados, besándonos lento. Ruido fuera, alguien abre. Vestidos a prisa, él fuerza la puerta. Sale un mayordomo del hangar, ‘¿Problemas?’. ‘Nada, todo controlado’, dice Javier profesional. Yo arreglo el pelo, sonrisa inocente. Salimos como si nada, pero su mirada promete más. Nuestro secreto VIP, élite pura. Aún huelo su semen, quiero repetir.