Acabo de bajar del yate, el cuerpo aún temblando. Ibiza, esa bahía iluminada por luces de millones. El aire salado se mezcla con el aroma caro de los perfumes, Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Soy Carmen, exesposa de un alto directivo, ahora libre, abierta a todo. Adoro este mundo: el cuero blanco de los sofás calientes por el sol, el zumbido de los motores de los jets privados fondeados cerca.
Encuentro a Elena en la cubierta VIP. Alta, rubia, ojos claros que perforan. Directora de un resort en las Antillas, curvas perfectas bajo un vestido de seda negro que roza sus pechos arrogantes. Hablamos de negocios, un contrato para mi nueva clínica de kinesiología. Deslizo los dossiers sobre la mesa de mármol, nuestras manos se rozan. ‘Mira esto, Elena… los números son jugosos’, digo, voz ronca. Ella sonríe, lento, mordiendo el labio. ‘Sí, Carmen, muy jugosos. Pero falta… intimidad para cerrar detalles’. Sus ojos bajan a mi escote, el calor sube. El champagne sabe a fresas maduras, efervescente en mi lengua. Siento su perfume, jazmín y vainilla, pegajoso en la piel sudada por la noche cálida.
La Tensión en la Cubierta VIP
La tensión crece. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa, ‘accidente’. Reímos, pero el pulso acelera. ‘¿Vamos a mi cabina? Allí revisamos todo… a solas’, susurra, mano en mi muslo. Dudo un segundo, el marido lejano en mi mente, pero el poder, la exclusividad… me enciende. Asiento, el yate se balancea suave, como un latido.
Entramos en la cabina. Puerta cierra con clic suave. Luces tenues, sábanas de satén negro crujiendo bajo nosotras. Nos miramos, jadeos cortos. ‘Dios, Elena, no aguanto más’, digo, tirando de su vestido. Se desliza, revelando tetas firmes, pezones duros como diamantes. La beso, lengua invadiendo su boca dulce de champagne. Sus manos arrancan mi tanga de encaje, dedos rozando mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta sensual’, gime ella, metiendo dos dedos dentro, curvándolos contra mi punto G. Grito, arqueo la espalda, olor a sexo y cuero llenando el aire.
El Éxtasis en la Cabina Privada
Me arrodillo, abro sus piernas. Su coño rubio, hinchado, clítoris palpitante. Lo lamo despacio, lengua plana, saboreando su jugo salado y dulce. ‘¡Joder, sí, chúpame el clítoris! Más fuerte’, ordena, tirando de mis pezones hasta doler placer. La penetro con la lengua, dedos en su culo apretado. Ella se corre primero, chorro caliente en mi cara, cuerpo convulsionando, ‘¡Me corro, carajo!’. Cambio, ella me tumba en la seda fría. Boca en mi coño, succionando voraz, tres dedos bombeando. ‘Tu coño es mío, Carmen, apriétame’. Balanceo caderas, follando su cara, orgasmo me arrasa, grito ahogado, piernas temblando.
Nos frotamos en tijera, coños resbaladizos chocando, clítoris contra clítoris, sudor mezclado. ‘Fóllame así, más rápido’, jadeo. Otro clímax mutuo, brutal, uñas clavadas en piel.
Recuperamos aliento, risas suaves. Nos vestimos, peinamos. Salimos a cubierta, copas en mano. ‘Contrato cerrado, ¿no?’, guiña ella, besos en mejilla. Bailamos entre elites, secreto latiendo bajo sonrisas. Nadie sabe, pero el poder compartido nos une. Vuelvo a mi vida, adicta a esta élite.