Me llamo Carmen, tengo cuarenta y pico, casada con un tipo con pasta que me lleva a todos lados. Vida de lujo total: jets, yates, clubs VIP. Me encanta el morbo del poder, esa adrenalina cuando los ojos se clavan en mis tetas generosas, apretadas en un vestido de seda que huele a Chanel. No busco infidelidades, mi sexo con mi marido es brutal, pero desde que probamos un trío con un chaval, fantasmeamos más. Él me contó su rollo bi, yo guardaba el mío: probar una mujer. Miedo a envejecer, a no ser deseable…
El otro día, mi amiga me invita a una reunión VIP en su yate privado anclado en Ibiza. Solo chicas top: influencers, herederas. Animadora presentando lencería de lujo y juguetes caros. Champán Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, olor a sal marina y cuero de los asientos. Vestida con un body negro de encaje, tetas al aire casi, noto miradas. La animadora, Lola, morena despampanante, piel bronceada, labios carnosos. Revisamos catálogos -dossiers de contratos para colaboraciones-, pero sus ojos en los míos… eh… tensión. Me roza el brazo al pasar páginas, piel erizada. ‘¿Te gusta esto, Carmen?’, dice bajito, dedo en mi muslo. Calor sube, coño moja.
La tensión sube en el yate exclusivo
Otras chicas charlan, pero ella me aparta: ‘Ven, probemos esta crema en la suite privada’. Espacio VIP se cierra, puerta al pasillo con guardaespaldas. Solo nosotras. Yate mece suave, luces tenues. ‘Quítate el vestido’, susurra. Huele a aceite exótico, vainilla y algo salvaje. Desnuda, tetas pesadas, pezones duros. Ella igual, coño depilado, labios hinchados. Me tumba en la cama king size, sábanas de hilo egipcio. Vierte aceite en mi espalda, manos calientes deslizándose. ‘Relájate, guapa…’, gime. Dedos bajan a nalgas, separan cachetes. ‘Joder, qué culito…’. Gimo, piernas tiemblan.
Se gira, boca en mi cuello. Beso húmedo, lengua invasora, sabe a champán. Manos en tetas, pellizca pezones. ‘Quiero comerte el coño’, dice ronca. Abro piernas, clítoris pulsa. Lengua lame lento, círculos en labios mayores. ‘¡Dios, qué rico!’, jadeo. Chupa clítoris, aspira fuerte. Dedos dentro, dos, follan ritmo. ‘Estás empapada, puta…’. Grito, orgasmo cerca. Para. ‘Ahora tú’. Bajo, huelo su coño: almizcle dulce. Lengua en grieta, saboreo jugos. Ella empuja cadera: ‘¡Más adentro, lame mi clítoris!’. La follo con lengua, dedos en ano. Se corre brutal, chorros en mi cara, grita como porno.
El clímax salvaje y el regreso al lujo discreto
’69, ahora’, ordena. Encima, coños pegados. Lamo voraz, ella igual. ‘¡Fóllame la lengua!’, suplico. Masturbo clítoris contra su boca. Otro orgasmo me parte, piernas convulsas. Luego tribbing: coños frotándose, clítoris contra clítoris. ‘¡Me corro, joder!’, chillamos juntas. Sudor, aceite, jugos everywhere. Olor a sexo puro, piel pegajosa.
Horas después, ducha rápida, olor a jabón caro. Vestidas, maquillaje perfecto. Baja al salón como si nada, champán en mano. ‘Gracias por el feedback, Carmen’, guiño discreto. Secretos de élite. Vuelvo a casa, coño palpitando aún. ¿Repetimos? Ese morbo VIP me tiene enganchada.