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Mi lección ardiente con el maestro en su yate privado

Estaba destrozada, encerrada en mi suite del hotel, con la mano hecha mierda por el accidente. Adiós a mis sueños de violín en orquestas top. Mi madre no paraba de insistir, y de repente, entra él. Boris Krasnov, el puto genio del violín, pelo gris en coleta, ojos que te desnudan. ‘Maryse, déjame verte’, dice con esa voz grave que me eriza la piel. Olía a cuero caro y colonia cara, el yate privado meciéndose suave bajo nosotros. Nos había invitado a su juguete flotante, exclusivo, con vistas al Mediterráneo desde la cubierta VIP.

Me mira la mano, me agarra la muñeca. ‘Muéveme los dedos como si tocaras’, ordena. Duele como la hostia, pero sus ojos… joder, me queman. Firmamos un contrato rápido, él me ofrece plaza en su orquesta privada, élite pura, pasta y glamour. Pero los papeles caen al suelo, y su mirada se clava en mis tetas bajo la seda del camisón. ‘No es la mano, es tu cabeza’, murmura, rozándome la sien. El aire se carga, champán francés burbujeando en copas de cristal. El espacio se cierra, mi madre desaparece discreta, puerta corrida. Solo nosotros, el lujo palpitando.

La tensión sube en la suite del yate

‘Quítate eso’, gruñe, señalando mi ropa. Temblando, dejo caer la seda, piel de gallina por el aire salado. Él se acerca, me empuja contra el sofá de cuero negro, huele a mar y deseo. ‘Juega conmigo’, dice, pero ya no es violín. Su boca en mi cuello, mordiendo suave. Le bajo los pantalones, su polla dura salta, gruesa, venosa, goteando ya. ‘Chúpamela’, ordena. Me arrodillo, el cuero frío en las rodillas, saboreo su prepucio salado, lengua girando en la punta. Gime, ‘Así, puta talentosa’. Me folla la boca, profundo, hasta que lagrimeo.

El clímax brutal y el regreso al lujo

Me tira al suelo, alfombra persa suave. Abre mis piernas, ‘Mira este coño mojado’. Lame mi clítoris, chupando fuerte, dedos en mi ano. Grito, duele la mano pero el placer explota. ‘Fóllame ya’, suplico. Se clava en mí de un golpe, polla enorme estirándome el coño, embiste brutal. ‘¡Más fuerte!’, jadeo. Me da la vuelta, a cuatro, nalgadas que queman, cuero del sofá rozando tetas. Me penetra el culo, lubricado con mi propio jugo, ‘Relájate, zorra’. Dolor y éxtasis, mi mano sana pellizcándole las bolas. Él acelera, sudor goteando, ‘Me corro dentro’. Eyacula caliente, llenándome, yo exploto en orgasmo, coño contrayéndose, gritando su nombre.

Se sale, semen chorreando por mis muslos. Me lame limpio, beso salado. ‘Buena chica’. Se pone el traje impecable, sirve champán. Brindamos, ‘Por tu futuro en mi orquesta’. Sonrisas frías, como si nada. Mi madre reaparece, charla educada sobre contratos. Él me guiña ojo, secreto elite grabado en mi piel. Salgo del yate temblando, coño palpitando, adicta al poder y al placer VIP. Mañana, más ‘lecciones’.

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