Ay, Dios, por fin terminé con esos putos contratos. Estoy en el yate privado de este magnate, anclado en las aguas de Ibiza. Todo grita lujo: el cuero suave de los asientos calientes bajo el sol, el champán Veuve Clicquot helado en mi copa, burbujas que pinchan la lengua. Vestido de seda roja ceñido al cuerpo, tacones Louboutin que me hacen arquear la espalda. La cubierta VIP está llena de élite, cuerpos bronceados apretados, risas falsas y miradas que prometen tratos sucios. Pienso en ti, mi amor, esperándome en la suite del hotel con ese masaje que me deshace. Me agarro a la barandilla, música house retumbando, olor a sal marina mezclado con colonia cara.
De repente, una mano roza mis nalgas. Mmm… recuerdo que me contaste tu fantasía: tocarme en medio de esta gente poderosa, sin que nadie note nada. Te di luz verde, así que me dejo llevar. El calor sube ya, mi tanga se moja despacito. No me muevo, invito sin palabras. La mano sube lenta, por mi vientre, se cuela bajo la seda. Respiro entrecortado, pezones duros contra la tela. Olor a cuero y sudor excitado. Se pega a mi espalda, aliento caliente en la nuca. No miro atrás, juego el rol. Dedos rozan mi coño por encima del encaje, suaves, torturándome. Joder, cabrón, sabes cómo volverme loca…
La Tensión en el Yate Exclusivo
Por fin, se mete bajo la tanga. Encuentra mi clítoris hinchado, lo masajea con círculos perfectos. Abro las piernas un poco, discreta. El placer me invade, jugos chorreando por sus dedos. La gente charla de fusiones millonarias, sorbe cócteles, ajena a todo. Cierro los ojos, gimo bajito… ¿eh? Nadie nota. Mi cara arde, sudor perla en el escote. Piernas tiemblan, agarro la barandilla fuerte. Mi móvil vibra: “Te amo, preciosa”. Lo miro. Tú siempre tecleas con dos manos para no fallar. Horror: esta mano no es tuya. Un desconocido me está follando con los dedos en este yate de lujo.
Quiero gritar, pero mi coño traicionero pulsa. No puedo parar, el placer es malsano, adictivo. Cabeza contra la barandilla, busco ojos que me salven. La estación… digo, el muelle se acerca. Aguanta, piensa. Pero es tarde. Sus dedos aceleran, frotan mi clítoris hinchado, meten uno en mi coño empapado. Temblores me recorren, me muerdo el labio hasta sangrar. Jalo, jalo fuerte, coño convulsionando, jugos goteando por muslos. La mano se va victoriosa. Bajo tambaleante, tanga chorreando, vergüenza quemándome.
El Placer Brutal y el Secreto Compartido
Corro a la suite del hotel, olor a jazmín y mármol fresco. Tú abres la puerta, beso rutinero. Mis ojos queman fiebre. Tiro el bolso, te empujo al sofá de terciopelo. “Fóllame ya, joder”. No preguntas, sabes leer mi urgencia. Ropa vuela: vestido rasgado, tu camisa hecha trizas. Tus manos limpian mi piel sucia, caricias tiernas contrastan mi rabia. Dedos en mi coño aún sensible, me corro gritando, abrazándote fuerte. “Lo siento tanto…”, susurro culpable.
“Necesito tu polla dentro, por favor”. Me abres las piernas, tu verga dura entra fácil, resbaladiza por mis jugos. Mmm, te siento llenarme, pulsar. Empujas lento, circular, sabes mi punto G. La aventura del yate se borra con cada embestida. Cambiamos: yo encima, cabalgándote salvaje, tetas botando; de lado, polla profunda; perrito, nalgadas que queman. Orgasmo tras orgasmo me parten, exorcizando al extraño. Tú gimes: “¡Córrete conmigo, puta mía!”. Eyaculas caliente dentro, inundándome. Nos besamos exhaustos, sudor pegajoso, caras de éxtasis.
“¿Qué te pasó?”, preguntas. Acaricio tu cara, beso suave: “Porque te amo”. Sonrío, secreto élite guardado. Volvemos al mundo: cóctel en la terraza, trajes impecables, como si nada. Pero bajo la seda, mi coño guarda tu semen y el recuerdo prohibido.