You are currently viewing Mi polvo inolvidable en el yate privado con él

Mi polvo inolvidable en el yate privado con él

Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate… uf, el corazón me late a mil. Soy Alida, pero todos me dicen Lili, con mis curvas mediterráneas, tetas generosas y culo que no pasa desapercibido. Vivo para el lujo, el poder que te eriza la piel. Trabajaba en una firma de élite, cerrando contratos millonarios. Ese día, Ben, mi jefe temporal en el proyecto, me invita a revisar unos dossiers en su yate privado, anclado en la Costa Azul. ‘Ven, Lili, el champagne espera’, me dice con esa voz grave.

El olor a cuero nuevo del salón VIP me envuelve, mezclado con sal marina. Nos sentamos en sofás de piel italiana, papeles por todos lados. Él, alto, con traje a medida, ojos que me desnudan. Yo llevo un vestido ceñido de seda, que roza mis pezones cada vez que me muevo. ‘Firma aquí, Lili’, murmura, su mano rozando la mía. Calor sube. Miradas que duran demasiado. ‘¿Te gusta el bustier que te regalé?’, pregunta bajito, recordando nuestro secreto del club privado semanas atrás. ‘Sí… me hace sentir puta sexy’, susurro, mordiéndome el labio. El aire se carga, contratos olvidados. ‘Vamos a la suite privada’, dice, y la puerta se cierra con clic metálico. Ahora somos solos, el yate meciéndose suave.

La tensión sube en el yate exclusivo

No perdemos tiempo. Me empuja contra la pared de mármol, sus labios devorando los míos. ‘Joder, Lili, tus tetas me vuelven loco’, gruñe, bajando el vestido. Libero mis pechos, pezones duros como piedras. Él chupa uno, fuerte, mordiendo, mientras su mano baja a mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, zorra’, dice, metiendo dos dedos, follando mi humedad con ritmo brutal. Gimo, ‘¡Sí, Ben, más profundo!’. Le bajo los pantalones, su polla salta, gruesa, venosa, goteando precum. ‘Chúpamela’, ordena. Me arrodillo en la alfombra persa, olor a su macho invade. La trago entera, lengua en el glande, bolas en mi mano. Él agarra mi pelo, folla mi boca: ‘¡Qué garganta de puta!’. Escupo saliva, él jadea.

El clímax brutal y el regreso a las apariencias

Me tira en la cama king size, sábanas de hilo egipcio. Abre mis piernas, lame mi clítoris hinchado, ‘Sabes a miel salada’. Meto sus dedos en mi culo mientras chupa, grito. ‘Fóllame ya, coño’, suplico. Se pone un condón, pero no, crudo: ‘Sin goma, quiero llenarte’. Empuja su polla de un golpe, rompiendo mi coño. ‘¡Aaaah, qué grande!’, chillo. Me taladra, tetas botando, sudor perlando su pecho. Cambio posición, a cuatro, él azota mi culo rojo: ‘¡Toma, perra curvilínea!’. Siento su glande en mi cervix, orgasmos me parten, chorro de jugos. Él acelera, ‘Me corro… ¡toma mi leche!’. Eyacula dentro, caliente, rebosando por mis muslos. Colapso, besos salados, olor a sexo y Chanel.

Minutos después, volvemos al salón. Champagne frío, burbujas en lengua. ‘Firma los contratos, Lili’, dice profesional, guiño pícaro. Yo arreglo el vestido, sonrisa secreta. Nadie en la tripulación sabe. Bajamos al muelle, él en su jet privado, yo en mi Ferrari. ‘Hasta la próxima, mi puta exclusiva’, susurra. El poder de este secreto elite… me moja solo recordarlo. ¿Quién necesita novios mediocres cuando hay yates y pollas de lujo?

Leave a Reply