Ay, chicas, acabo de bajar del yate privado de mi jefe en la Costa Azul. Todo olía a cuero nuevo y Chanel No. 5, con el champagne Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Éramos cuatro: yo, mi amiga Laura, un inversor guapo llamado Julián y él, Antonio, el tío con pinta de modelo que cerraba contratos millonarios. Estábamos en la cubierta VIP, revisando dossiers bajo las luces tenues, el mar negro lamiendo el casco. Mis sandalias Louboutin pinchaban un poco, pero el vestido de seda roja se pegaba a mi piel sudada por la noche cálida.
Antonio me miraba fijamente mientras firmábamos papeles. Sus ojos decían ‘te follo aquí mismo’. Yo cruzaba las piernas, sintiendo mi tanga húmeda rozar el coño. ‘¿Todo bien, Sofía?’, me preguntó con esa voz grave, rozando mi mano al pasarme el bolígrafo. ‘Sí… perfecto’, balbuceé, el corazón latiéndome fuerte. Laura bostezaba, Julián ya medio dormido con su puro cubano. Propusimos turnos de ‘vigilia’ para chequear el radar, por si algún paparazzi nos pillaba. Antonio y yo, el último turno. El yate era nuestro mundo exclusivo, pero con ellos cerca en las cabinas de abajo.
La Tensión en el Yate de Lujo
La noche avanzó. Laura y Julián se metieron a dormir, ronquidos lejanos. Yo subí a cubierta con Antonio, el viento salado en la cara, olor a sal y su colonia cara. Nos sentamos en los sofás de cuero blanco, hombro con hombro. ‘Hace calor, ¿no?’, dijo él, quitándose la camisa, mostrando ese torso bronceado de gym privado. Yo asentí, mordiéndome el labio. Su mano en mi muslo, subiendo lento. ‘Antonio… los otros…’, susurré. ‘Shh, son élite, duermen como muertos’. Me besó, lengua invadiendo mi boca, sabor a whisky y deseo. Sus dedos apartaron la seda, tocando mi coño ya empapado. ‘Joder, estás chorreando’, gruñó.
Lo empujé contra el cuero, desabrochando su pantalón. Su polla saltó dura, venosa, goteando precum. ‘Mmm, qué polla más gorda’, gemí, lamiendo la punta salada. La chupé profundo, garganta apretando, él gimiendo bajito, mano en mi pelo. ‘Para, o me corro ya’. Me levantó el vestido, arrancó el tanga. Me puso a cuatro patas en el sofá, culo al aire bajo la luna. Olía a sexo y mar. Escupió en mi coño, frotó el glande hinchado. ‘Te voy a follar como una puta VIP’. Entró de golpe, rompiéndome, polla gruesa estirándome el coño hasta el fondo. ‘¡Ahhh, sí, rómpeme!’, grité suave, mordiendo mi puño.
El Clímax Brutal y el Regreso al Glamour
Me taladraba brutal, huevos chocando mi clítoris, pezones rozando el cuero frío. Cambió, me puso encima, cabalgando su verga como una yegua en celo. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Córrete, puta, córrete en mi polla’. El orgasmo me partió, coño contrayéndose, chorros calientes bajando por sus bolas. Él me volteó, levrette de nuevo, follándome salvaje, nalgadas sonando en la noche. ‘¡Me vengo!’, rugió, llenándome de leche caliente, preservativo o no, élite manda. Nos quedamos jadeando, sudor pegajoso, su semen goteando mis muslos.
Minutos después, limpiamos rápido con toallitas de seda. Vestidos impecables, champagne en mano. Bajamos a desayunar como si nada. ‘Buenas noches de guardia, ¿eh?’, rió Julián. Antonio me guiñó, yo sonrojada pero sonriendo. ‘Perfecta’. Nuestro secreto de poder, esa follada en el yate quedará entre élites. Ay, qué subidón…