You are currently viewing Mi follada salvaje en el yate privado del multimillonario

Mi follada salvaje en el yate privado del multimillonario

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Era un día de verano en la Costa Azul, post-confinamiento, todo olía a libertad y dinero. Yo, con mi vestido de seda amarillo-naranja, con mariposas bordadas, largo hasta los tobillos, hombros al aire. Nada de sujetador, mis tetas firmes apretadas contra la tela fina, pezones marcándose un poco. Debajo, unas braguitas nude de rejilla transparente, que moldean mi culo perfecto pero dejan ver todo. Ese conjunto que me compré hace dos años, puro vicio, me pone cachonda solo de ponérmelo.

Subí al yate privado de Javier, ese multimillonario español que conocí en un club exclusivo de Marbella. Olía a cuero nuevo y sal marina, el sol pegando en la cubierta de teca pulida. Estábamos en la zona VIP, solo nosotros y su asistente discreto. Brindamos con champán Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, dulce y ácido. Hablábamos de contratos, fusiones millonarias, pero sus ojos… uf, se clavaban en mis hombros desnudos, bajaban a mis tetas. Yo me movía coqueta, cruzando las piernas, sintiendo la rejilla rozando mi coño ya húmedo.

La tensión sube en el yate de lujo

Él en short blanco impecable, camisa abierta mostrando pecho bronceado. ‘¿Te gusta el yate?’, me dice con voz grave, rozando mi mano al pasarme el dossier. Yo sonrío, ‘Mucho… pero prefiero lo que hay debajo’, le guiño. La tensión sube, aire cargado de feromonas y poder. El asistente se va a la proa, nos deja solos en el salón privado, cristal ahumado, sofás de piel italiana suave como un beso.

De repente, él cierra la puerta corredera. Espacio VIP ahora nuestro. ‘Quítate las bragas’, murmura, ojos en llamas. Me levanto, levanto el vestido despacio, huelo mi propia excitación mezclada con Chanel. Las bajo por mis muslos, rejilla fina hecha bolita en mi tobillo. Se las doy, húmedas ya. Él las huele, gime: ‘Joder, qué puta tan rica’. Me empuja contra el sofá, beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a champán y deseo.

Me pone de rodillas en la piel cálida, levanta mi vestido. ‘Mira ese coño depilado, chorreando’. Me lame los labios, lengua plana en mi clítoris, chupando fuerte. Gimo, ‘¡Sí, Javier, come mi coño!’. Dedos dentro, dos, tres, me folla con ellos, chapoteo obsceno. Mi culo en pompa, tetas colgando libres al bajar breteles. Él se baja el short, polla gorda, venosa, cabezona reluciente de pre-semen. ‘Chúpala’, ordena. La engullo, garganta profunda, saliva goteando, bolas en mi barbilla.

El clímax brutal y el regreso a la normalidad

No aguanta. Me gira, me empala de un empujón. ‘¡Ahhh, qué coño apretado!’. Follando brutal, polla entrando hasta el fondo, mis paredes apretándolo. Follamos de pie, yo contra la mesa de cristal, piernas abiertas, tacones altos clavados en la alfombra. Él me agarra las caderas, embiste como animal, ‘Te voy a llenar de leche, puta de lujo’. Yo grito, ‘¡Fóllame más duro, rómpeme el coño!’. Orgasmo me sacude, coño convulsionando, chorro de jugos por sus huevos. Él ruge, eyacula dentro, semen caliente inundándome, goteando por mis muslos.

Sudados, jadeando. Se corre despacio, polla saliendo con un ‘plop’, semen chorreando. Me limpia con su pañuelo de seda, beso tierno. ‘Eres increíble’, susurra. Nos recomponemos rápido: yo subo bragas… no, las deja en su bolsillo como trofeo. Vuelvo vestido impecable, tetas recolocadas, sonrisa de reina. Él camisa abotonada, dossier en mano. El asistente vuelve, ‘¿Todo bien?’. ‘Perfecto, firmamos el contrato’, dice él, guiñándome.

Bajamos a cubierta como si nada, champán otra copa, risas elegantes. Pero entre nosotros, ese secreto elite: mi coño marcado por su polla, su semen aún dentro. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. Cuando me pongo ese vestido ahora, él sonríe: ‘Hoy no, la sorpresa ya fue… pero con otro vestido, quién sabe’. Uf, me mojo solo de contarlo.

Leave a Reply