Ay, chicas, aún tiemblo recordándolo. Acabo de bajar del yate privado de ese magnate ruso, eh… Alexei, se llama. Invitada a una ‘reunión exclusiva’ en su juguete de 100 metros, anclado en la Costa Azul. El sol se ponía, el champán Dom Pérignon burbujeaba en copas de cristal, olor a cuero italiano nuevo en los asientos. Yo, con mi vestido de seda roja ceñido, tetas al aire casi, y él revisando contratos en la mesa de caoba. ‘Firma aquí, preciosa’, dice con esa voz grave, ojos clavados en mi escote. Yo dudo, muerdo el labio… ‘¿Y qué gano yo?’, le suelto juguetona. Sus dedos rozan los míos al pasarme el bolígrafo, electricidad pura. Miradas que queman, eh… el aire se carga, como antes de una tormenta. Los guardaespaldas se alejan discretos, la cubierta superior queda solo para nosotros. Él se acerca, mano en mi cintura, ‘Ven, hablemos en privado’. El jet privado nos espera después, pero ahora… el yate es nuestro.
De repente, me empuja contra la barandilla, el viento salado en la piel. ‘Quítate eso’, gruñe, y rasga mi vestido. Mis tetas saltan libres, pezones duros como diamantes. Él se baja los pantalones, ¡joder, qué polla! Gruesa, venosa, cabezona reluciente de pre-semen. ‘Chúpala’, ordena. Me arrodillo en la alfombra persa, olor a mar y a macho. La meto en la boca, profunda, hasta la garganta. Gime, ‘Sí, puta española, traga’. La saliva chorrea, mis labios hinchados la follan como un coño. Me pone de pie, me dobla sobre la mesa de contratos. Papeles volando. Me escupe en el culo, dedos gruesos abriéndome el ano. ‘Vas a gritar mi nombre’. Empuja su verga entera, ¡dolor-placer brutal! Me folla el culo sin piedad, cachetazos en las nalgas, ‘¡Más apretado, zorra!’. Cambio a coño, empapado, chorreando jugos por las piernas. Me monta como yegua, tetas rebotando, piel sudada contra su pecho peludo. ‘¡Córrete dentro!’, suplico. Él acelera, bolas golpeando mi clítoris. Grita ruso, me inunda de leche caliente, rebosando. Yo exploto, chorros de squirt mojando el cuero. Jadeamos, su polla aún palpitando dentro.
La Tensión en la Cubierta de Lujo
Se sube los pantalones, me pasa una toalla de hilo egipcio. ‘Firma el contrato, ahora sí’. Yo sonrío, piernas temblando, semen goteando por muslos. Vuelvo a vestirme, él llama al mayordomo. Champagne fresco, caviar. ‘Buen negocio’, dice guiñando. Los invitados regresan abajo, risas, como si nada. Secretos de élite, eh… el poder sabe a semen y lujo. Bajé al jet privado con la clave del yate en el bolso. Volveré.