Estaba en el aeropuerto privado de Madrid, hace un año. Nerviosa, eh… con mi vestido de seda negro, discreto pero ceñido. Vi su jet listo para despegar hacia Málaga, rumbo a un yate VIP. Él, un ejecutivo de 44 años, charmant, delgado, 1,84 m y 72 kg, perfecto. Bajaba del coche de lujo, en avance para su reunión de contratos millonarios. Toqué la ventanilla ahumada de su Mercedes Maybach. -¿Va hacia la ruta del yate en Málaga? -le dije, sonriendo leve.
Bajó el cristal. Olor a cuero nuevo, intenso, mezclado con su colonia cara. -Sí, más o menos. Tengo una reunión importante, pero… sube, no hay problema. Su voz calmada, sin draguear. Monté atrás, espacio enorme, asientos como tronos. Él revisaba dossiers en su iPad, papeles de deals exclusivos. Silencio. Yo, mordiéndome el labio. Pasaron minutos. El jet esperaba en pista.
Tensión en las alturas del jet privado
– ¿Cómo te llamas? -me preguntó, sin mirarme mucho. -Sofía -mentí un poco, jeje. Él, Frédéric, francés encantador. Pouffé, nerviosa. -Anoche soñé con un Frédéric… -dije bajito. Él levantó la vista, ceja arqueada. -Y le chupaba la polla hasta vaciarle los huevos. Directa, como siempre cuando me pongo caliente.
Se sonrojó, calor en su cuello. Miradas cruzadas, tensión eléctrica. Él calculaba: reunión en una hora. -Me encantaría, pero… tiempo. -No será largo, solo una mamada rápida. Solo pídeme un obsequio simbólico: una botella de champán vintage Dom Pérignon de 1982. Soy coleccionista, no puta. Algo exclusivo. Él sonrió, intrigado. Paramos en una boutique de lujo cercana al hangar. Elegí la botella, cristal frío en mis manos, corcho perfecto. La dependienta nos miró raro, pero pagó él sin pestañear.
De vuelta al jet. Despegamos. Él llamó: ‘Retraso 30 min’. Cabina VIP privada, luces tenues. Olor a jet: cuero italiano, madera pulida. Champagne abierto, burbujas en mi lengua, dulce y ácido. Tension entre contratos sobre la mesa y sus ojos en mis tetas. -Vamos a la cabina trasera -dijo, voz ronca. Espacio exclusivo, cama king size, privacidad total. Puerta cerrada. Mundo élite nuestro.
Allí empezó lo bueno. Él se sentó en el sofá de cuero, recostado. Desabroché su cinturón, lento. Pantalón abajo, boxers. Polla semi-dura, epilada suave, huevos perfectos. -¿Epilado? Me encanta, huele a hombre limpio, a corrida fresca -murmuré, oliendo cerca. Manos en sus muslos, piel caliente. -Muéstrame cómo se pone dura -dijo él, juguetón. Acaricié huevos, suaves, calientes. Lengua en ellos, lamiendo despacio. Sabían salados, masculinos. Polla creció, venas marcadas, glande rosado grande.
El clímax brutal en la cabina exclusiva
-Joder, qué polla bonita, circuncisa, gorda… -haleté. La cogí en anillo con dedos, vaivén corto en el glande, piel juguetona. Bajé cabeza, pelo rozando su vientre. Volante no, aquí espacio. Lamí huevos, succioné uno, aspirando fuerte. Cheek contra verga, dura ya. Saqué condón del bolso, lubricado. Se lo puse firme, desenrollando con boca casi. Boca llena: vaivén profundo, lento primero. Aceleré en glande violeta, hinchado. Mano masajeando huevos, apretando brutal. Otra en base, apretón.
Él gemía bajo: -Joder, Sofía… Se levantaba, me pajeaba furioso, saliva chorreando. Volvía a mamar, garganta honda. Polla palpitaba, bolas tensas. Brutal, sin filtro: chupadas ruidosas, slurp slurp. De repente, soltó: corrida caliente llenando condón, mientras la tragaba entera. Tragó aire, yo tragué saliva.
Me limpió, quitó condón. Olor a semen fuerte, lo olí: delicioso, pese al lub. -Mala elección, próxima sin lub -rió él. -Sí, para saborear tu leche pura. Él: -Lo siento, sin tiempo soy rápido. ¿Buen polvo? -Depende… pero me has puesto cachonda. Beso rápido, champagne último sorbo.
Vuelta a la zona principal. Él arregló corbata, dossiers listos. Yo, pelo en sitio, sonrisa inocente. Aterrizamos. -Sé discreta -dijo bajito, guiño. Lo dejé en el yate exclusivo, reunión puntual. Secretos de élite: placer compartido, nadie sabe. A veces sueño repetir, en la cama del jet, follando horas. Pero ese flash… inolvidable.