¡Joder, el cabrón! Abrí esa cajita de cartón delante de la puerta de mi suite en el hotel de cinco estrellas, con vistas al mar. El papel con mi nombre en caligrafía elegante… era para mí. Vivo aquí todo el año, rodeada de lujo, lejos de los turistas veraniegos. Dentro, un plug metálico largo, frío al tacto, con extremo oblongo. Mmm, el olor a metal fresco me erizó la piel. Y un caramelo de frambuesa, mi ‘pimousse’, como le llamo a él en nuestros chats secretos. El origami en forma de ola: ‘Lounge VIP del yate anclado en la bahía, 18h. Si quieres, mi sirena. Sin presión’.
El corazón me latía fuerte. Habíamos empezado con un roleplay en un foro literario, provocaciones coquinas. Reglas claras: nada serio. Pero… pfff, se nos fue de las manos. Noches enteras chateando hasta las 4 a.m., confidencias, risas, sueños locos. Él, mi vaurien angevino, mi Loulou. Sabía mis fantasías, mis gustos. Seis horas de jet privado para dejarme esto. ¡Qué locura!
La Tensión en el Lounge Exclusivo
Me duché con agua casi hirviendo, piel bronceada humeante. Manos perdidas en mi pubis, dedos frotando mi clítoris hinchado. Ahh… tetillas duras, pellizcándolas. Gemí bajo el agua, orgasmillo rápido para calmar el fuego. Pero no bastaba. Me vestí: vestido rojo ceñido, sin braga ni sujetador, como pedía el PS oculto en el origami. ‘Provocadora, sin nada debajo’. Uf, mis pezones marcando tela fina.
Llegué al lounge del yate, cuero italiano oliendo a riqueza, champán Dom Pérignon burbujeando. Él esperaba, traje impecable, sonrisa pícara. ‘Hola, sirena’. Papeles sobre la mesa: ‘contratos’ falsos, excusa para vernos. Ojos clavados, piernas rozándose bajo la mesa. ‘¿Has traído el pimousse?’, susurró. Saqué la cajita de madera, abrí despacio. Lo metí en mi boca, labios rojos cerrándose. Mmm… chupé lento, gimiendo suave. ‘Delicioso, pero quiero más’. Su mirada ardiendo, polla endureciéndose bajo pantalón.
El lounge se vació, camarero discreto cerró cortinas. Espacio VIP privado ahora. ‘Vamos arriba’, dijo, voz ronca. Subimos a la suite master, puerta blindada. Champán olvidado, manos ansiosas.
El clímax Brutal en la Suite Privada
Lo empujé contra la pared de mármol, besos voraces. ‘Menotte rosas del cajón’, gruñí. Lo até al pie de la cama king size, camisa abierta mostrando vegvesir tatuado. Lengua desde ombligo a pezones, mordiendo. ‘¡Joder, sí!’, gimió él. Bajé zipper, sin calzoncillos. Polla gruesa, venosa, saltando libre. Saliva en glande, pajeándola lenta. ‘¿Lista para mamarla?’. Boca envolviéndola, garganta profunda. Chupé, lamí huevos, succioné fuerte. Él retumbaba: ‘¡Cabróna, me vas a hacer correrte!’. Lo edgeé, parando al borde, dientes suaves en piel sensible.
Me quité vestido, desnuda ante él. Coño mojado chorreando. Frío del plug del mini-frigo: lo unté chantilly, lo metí en mi culo despacio. ‘Mírame follarme’. Posición 69, su lengua en mi coño, lamiendo labios, clítoris aspirado. ‘¡Sabe a miel, puta!’. Yo mamando polla, plug vibrando en mi ano. Gemidos ahogados, cuerpos sudados olor a sexo y Chanel. Orgasmos mutuos: yo squirteando en su cara, él corriéndose en mi garganta, semen espeso tragado.
No paró. Chantilly en tetas, lamiéndonos. Lo até flojo, monté: coño tragando polla entera. ‘¡Fóllame duro, vaurien!’. Embistidas salvajes, pelvis chocando. ‘¡Más profundo, rómpeme el útero!’. Me volteó, misionero brutal, piernas al hombro. Polla taladrando, bolas golpeando clítoris. ‘¡Me vengo, joder!’. Él dentro, llenándome de leche caliente. Cuerpos temblando, sudor pegajoso.
Despertamos enredados en sábanas de seda 1000 hilos. ‘Impecable’, sonrió él, besándome cuello. Vestidos, champán de nuevo. Bajamos al lounge como si nada: contratos firmados, sonrisas educadas. Secreto élite nuestro. Pero mis bragas imaginarias aún húmedas, su mirada prometiendo más jets privados.