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Mi encuentro ardiente en el yate privado de Marbella

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Fue la semana pasada, en Marbella, en ese club VIP al que solo entran los que tienen nombre y pasta. Yo, Carmen, con mi vestido de seda negra que se pega como una segunda piel, oliendo a Chanel No. 5 mezclado con el salitre del mar. Estaba allí por un contrato, negociando con él, ese cirujano estrella que opera a reyes y magnates. Papeles sobre la mesa de cristal, champán Dom Pérignon burbujeando en copas frías… Sus ojos, oscuros y dominantes, me devoraban mientras firmábamos. ‘Carmen, este acuerdo nos une más de lo que crees’, murmuró, su voz grave rozándome la oreja. Yo crucé las piernas, sintiendo el calor subir. El cuero de los asientos crujía bajo nosotros, el aire cargado de jazmín y humo de puro cubano. Miradas que quemaban, roces ‘accidentales’ de manos al pasar las carpetas. ‘¿Quieres ver el yate?’, dijo de repente. Asentí, el corazón latiéndome fuerte. Bajamos al muelle privado, el yate reluciente bajo la luna, todo mármol y madera noble. Subimos, el viento salado en la cara, y de pronto, cerró la puerta de la suite principal. Espacio VIP puro: cama king size con sábanas de hilo egipcio, jacuzzi humeante, vistas al Mediterráneo infinito.

Ya no había contratos. Me empujó contra la pared forrada de terciopelo, sus manos fuertes abriendo mi vestido de un tirón. ‘Quítatelo todo, puta elegante’, gruñó. Me quedé en tanga de encaje y tacones de 12 cm, temblando. Olía a su colonia cara, almizcle y poder. Se sacó la polla dura como hierro, gorda y venosa, apuntándome. ‘Chúpala, zorra’. Me arrodillé en la alfombra persa, el sabor salado de su prepucio invadiéndome la boca. Lamí el frenillo, succioné profundo, hasta la garganta, gimiendo mientras él me agarraba el pelo. ‘Joder, qué boca de lujo tienes’. Me levantó, me tiró en la cama, el colchón hundiéndose suave. Rasgó mi tanga, metió dos dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta privilegiada’. Me abrió las piernas, lamió mi clítoris hinchado, mordisqueando labios mayores, chupando jugos. ‘¡Sí, joder, no pares!’, jadeé. Me volteó, cachetazo en el culo que resonó, dejando marca roja. ‘Pide polla’. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embistió de golpe, su polla partiéndome el coño, bolas golpeando mi ano. Ritmo brutal, sudando, piel contra piel resbaladiza. Cambió a perrito, tirando de mi melena, clavándome hasta el fondo. ‘¡Me corro, cabrón!’, grité, contrayéndome alrededor de él. Él siguió, sacándola para metérmela en la boca, follándome la cara hasta explotar, leche caliente bajando por mi barbilla, goteando sobre mis tetas perfectas con pezones duros.

La tensión en el club exclusivo

Nos quedamos jadeando, cuerpos enredados en sábanas revueltas. Luego, ducha en el baño de mármol, jabón espumoso frotándose mutuamente, besos lentos. Se vistió con su traje impecable, yo me recompuse el maquillaje, peinado en moño chic. ‘Nuestro secreto de élite, Carmen. Mañana, negocios como siempre’. Bajamos del yate, copas en mano, sonrisas educadas ante los otros VIP. Él firmó otro contrato esa noche, yo caminé recta, coño palpitando aún. Adrenalina del poder, placer exclusivo… Quiero más.

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