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Mi doble entrega ardiente en la suite presidencial

Estaba en mi suite presidencial del hotel más exclusivo de Ibiza, con vistas al mar que brillaban bajo el sol de septiembre. El aire olía a sal y a cuero nuevo de los sofás italianos. Yo, Sofia, sola porque mi marido estaba en una reunión en Madrid. Vestida con un vestido de seda blanco, ligero, sin sujetador –mis pechos firmes y pequeños se marcaban justito–, y una tanguita blanca debajo. Esperaba la entrega doble: un congelador high-tech empotrado y una lavadora de diseño para mi zona privada. Gratis por superar los 10.000 euros, y programada para esa mañana.

Llegaron casi al mediodía. Dos tíos: Lino, maduro, latino, con pelo canoso y cuerpo fuerte, sonrisa pícara; y Esteban, joven, rubio escandinavo, musculoso, mirada tímida. ‘Señora Sofia?’, dijo Lino con acento del sur. ‘Sí, pasad, chicos. El congelador va en la cocina VIP, la lavadora al lado, en el spa privado’. Los seguí, notando cómo sus ojos bajaban a mis curvas. El olor a su colonia mezclada con sudor fresco me puso alerta. Instalaron rápido el congelador, negro mate, con luces LED. ‘Tres horas antes de enchufarlo’, advirtió Lino, rozándome el brazo. Uf, ese toque…

La tensión en el penthouse de lujo

Luego la lavadora. Esteban conectó la manguera al grifo de agua filtrada. Giró la llave… ¡y un chorro helado me empapó de pies a cabeza! ‘¡Joder!’, gritó él, cerrando rápido. Mi vestido se volvió transparente, pegado a la piel. Pezones duros, tanguita marcada, todo a la vista. Ellos se quedaron tiesos, pollas hinchadas bajo los pantalones finos. Miré el espejo: parecía una puta mojada, más caliente que desnuda. ‘No pasa nada, es agua’, dije riendo, pero el corazón me latía fuerte. ‘Lo siento, señora…’, balbuceó Esteban. Lino sonrió: ‘¿Te ayudo a secarte?’. Le pasé la toalla de cachemira. Empezó por la espalda, bajando lento, oliendo a cuero y champagne que había abierto antes.

Sus manos subieron a mis hombros, al cuello… luego al frente. Dudó en mis tetas. ‘¿Y estas?’, pregunté juguetona. ‘Si usted dice…’. Me masajeó los pechos, pellizcando pezones. ‘Qué firmes, como de chica joven’. Esteban miraba, polla tiesa. Me quité la tanguita de un tirón. ‘Secadme bien ahí abajo’. Lino se arrodilló, lengua rozando mi coño depilado. ‘Estás empapada… pero no de agua’. La suite se volvió nuestra, puerta cerrada, música suave de fondo.

Los llevé al dormitorio king size, sábanas de hilo 1000. Me tiré en el medio: ‘Quiero un doble extra hoy’. Se desnudaron. Pollas duras: la de Lino gruesa, venosa; la de Esteban larga, recta. Me besaron everywhere, lenguas en cuello, tetas, muslos. Chupé la de Esteban, salada, dura como hierro. ‘¡Mmm, qué polla rica!’. Lino me lamió el coño: ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Me corrí rápido, gritando.

El clímax brutal y sin filtros

‘Esta vez en el coño’, pedí. Esteban me penetró de misionero, embistiéndome fuerte. ‘¡Joder, qué apretada!’. Agarré la polla de Lino, la mamé profunda. Luego perrito: Esteban me taladró el coño, cacheteando nalgas. ‘¡Fóllame más!’. Lino en mi boca: ‘Traga, zorra’. Se corrió primero él, llenándome la garganta de lefa espesa, caliente. Tragué, gimiendo. Esteban eyaculó dentro: ‘¡Me vengo! ¡Toma mi leche!’. Sentí chorros calientes inundándome.

No pararon. Me puse encima de Lino, su polla gorda en el coño. Esteban detrás: ‘¿El culo también?’. ‘¡Sí, los dos!’. Lubriqué con mi flujo. Entraron juntos, estirándome. ‘¡Aaaah, me partís!’. Embestidas sincronizadas, pollas rozándose dentro. Sudor, olor a sexo y Chanel. ‘¡Qué coño y culo tan perfectos!’, gruñó Lino. ‘¡Eres una puta de élite!’, Esteban. Orgasmo brutal: temblé, squirté, ellos se corrieron llenándome ano y coño de semen espeso. Caí exhausta, maculada.

Nos limpiamos con toallitas húmedas de la suite. ‘Embarcad las pruebas’, les dije, pasando kleenex con lefa. Se vistieron, profesionales. ‘Gracias por la… instalación extra’, dijo Lino guiñando. ‘Volveremos cuando quieras, Sofia’. Sonreí: ‘Arreglaremos’. Salieron, dejando la suite impecable. Brindé con champagne, secreto nuestro, de lujo compartido. Mañana, quizás otra ‘entrega’.

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