Ay, chicas, acabo de volver de esa locura en el Palace de Madrid, la suite presidencial que huele a cuero nuevo y champán Dom Pérignon. Reservé todo bajo un pretexto de ‘negocios exclusivos’. Llegué primero, con el corazón latiendo fuerte, el tacón de mis Louboutins resonando en el mármol del lobby vacío. La recepcionista, con su uniforme impecable, me dio la llave magnética sin pestañear. ‘Disfrute su privacidad, señora’, dijo con una sonrisa pícara. Subí en el ascensor privado, ese que solo usan los VIP, y entré en el paraíso: vistas al Retiro, sábanas de seda egipcia, jacuzzi burbujeante.
Me quité los zapatos, sintiendo la alfombra mullida bajo los pies. Preparé los ‘dossiers’ falsos sobre la mesa de caoba, contratos de inversión que no importaban una mierda. Era solo la excusa para verlo, a él, mi amante magnate, con ese poder que me pone cachonda. Sonó el timbre. Abrí, y ahí estaba Carlos, traje Armani ajustado, corbata suelta, ojos devorándome. ‘Hola, preciosa’, murmuró, cerrando la puerta con llave. Nos sentamos en el sofá de cuero, oliendo su colonia cara mezclada con mi perfume. Revisamos papeles, pero nuestras miradas chocaban. Su rodilla rozó la mía, el calor subiendo. ‘Firma aquí’, dije, voz temblorosa, pasando la pluma. Él sonrió, mano en mi muslo. ‘Prefiero firmar en tu piel’. La tensión explotó cuando tiré los contratos al suelo. Espacio VIP ahora nuestro, privado al cien.
La Tensión que Quema en el Paraíso Privado
Me levantó como una pluma, labios chocando, lenguas enredadas con sabor a menta y deseo. ‘Quítame esto’, gemí, tirando de su camisa. Sus manos bajaron mi vestido de seda roja, exponiendo mis tetas en encaje negro. Olía a su sudor limpio, a cuero del sofá. Me tumbó en la cama king size, lamiendo mi cuello, bajando a mis pezones duros. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, gruñó, chupándolos fuerte, mordisqueando hasta que arqueé la espalda. Le abrí el pantalón, saqué su polla gruesa, venosa, ya goteando presemen. ‘Mmm, mira esta verga enorme’, susurré, lamiendo el glande salado.
Explosión de Placer Crudo y Secretos Compartidos
Se la metí en la boca, profunda, garganta apretando, él gimiendo ‘¡Sí, chúpamela toda!’. Babas chorreando, huevos pesados en mi mano. Me depilé el coño para él, liso como seda, y él lo notó: ‘¡Hostia, qué chochito rasurado!’. Bajó, separó mis labios, lengua en mi clítoris hinchado. ‘Estás empapada, puta mía’. Lamía voraz, dedos dentro, curvados en mi punto G. Me corrí gritando, chorro caliente en su cara, piernas temblando. ‘¡Más, fóllame ya!’. Me puso a cuatro, polla embistiendo mi coño chorreante, bolas golpeando mi culo. ‘¡Toma, tu coño aprieta como virgen!’. Follando brutal, sudor goteando, sábanas revueltas. Cambiamos: yo encima, cabalgando su verga, tetas botando, uñas en su pecho. Él pellizcó mi clítoris, y exploté otra vez, coño contrayéndose, ordeñándole. Se corrió dentro, leche caliente llenándome, gruñendo ‘¡Te lleno de semen, zorra!’.
Agotados, nos besamos lentos, cuerpos pegados, olor a sexo y champán abierto. ‘Eres adictiva’, dijo, acariciando mi pelo. Nos duchamos en el baño de mármol, agua caliente lavando pecados. Me vestí: vestido planchado, maquillaje retoque, como nueva. Bajamos por separado. En el lobby, cruzamos miradas: ‘Buen negocio, señora’. Sonrisa cómplice. Secretos de élite, nadie sabe. Pero yo aún siento su polla palpitando dentro. ¿Repetimos pronto?