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Mi aventura salvaje en jet privado rumbo a Las Vegas

Acababa de subir al jet privado en Madrid, rumbo a Las Vegas para cerrar un mega-deal en un casino exclusivo. El cuero de los asientos olía a nuevo, mezclado con el fizz del champagne Dom Pérignon que burbujeaba en copas de cristal. Yo, Isabella, vestida con un vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas, sentía la adrenalina del poder. A mi lado, mi ‘asesor’ Marco, ese semental de traje Armani que me follaba como nadie. Frente, mi amiga Carla, con su minifalda roja y piernas interminables, y Sofia, la azafata tetona de ojos verdes, sirviéndonos con una sonrisa pícara.

Hablábamos de contratos, pero los ojos se comían todo. Marco rozaba mi muslo bajo la mesa, su mano subiendo lento. ‘¿Nerviosa por el deal?’, me susurró, su aliento caliente en mi cuello. Carla reía, cruzando las piernas, y Sofia se inclinaba más de lo necesario al rellenar las copas, su escote dejando ver pezones duros. ‘Relájense, el cielo es nuestro’, dijo ella, cerrando la mampara que aislaba la cabina VIP. Luces tamizadas, motor ronroneando suave. El espacio se volvió nuestro. Privado. Caliente.

La tensión sube en el cielo VIP

De repente, Marco me besó, lengua invadiendo mi boca con sabor a champagne. Carla jadeó: ‘Joder, qué morbo…’. Sofia se acercó, mano en el hombro de Carla. ‘¿Quieres probar?’, murmuró. Yo bajé la cremallera de Marco, saqué su polla gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Chúpamela, cabrona’, le dije a Carla, que se arrodilló entre sus piernas. Su boca la engulló, slurp slurp, saliva chorreando. Yo me abrí de piernas, seda rasgándose, y metí dedos en mi coño empapado. Olor a sexo puro, cuero sudado.

Sofia no se quedó atrás. Bajó la falda de Carla, lamió su coño rasurado: ‘Hmmm, qué rica estás…’. Carla gemía con la polla de Marco en la garganta, ‘¡Glug glug! Más profundo…’. Yo monté a Marco, su polla abriéndome el coño como un puño. ‘¡Fóllame fuerte, joder!’. Rebotaba, tetas saltando, clítoris frotando su pubis. Sofia metió lengua en mi culo, rimming húmedo, mientras Carla chupaba mis pezones. ‘¡Voy a correrme! ¡Leche, dame leche!’, grité. Marco explotó dentro, chorros calientes llenándome el útero, goteando por mis muslos.

El éxtasis sin límites y el secreto elite

Carla se giró, ‘Mi turno’. Sofia la tumbó en el sofá de cuero, comiéndole el coño con furia, dedos en el culo. ‘¡Sí, lameme el ano, puta!’. Marco me folló el culo ahora, lubricado con mi corrida, entrando de un empujón. ‘¡Argg, qué apretado tu culazo!’. Bombeaba brutal, nalgas chocando, dolor-placer quemando. Carla squirteó en la boca de Sofia, ‘¡Me corro, hostia!’. Yo exploté anal, ano contrayéndose alrededor de su verga, leche salpicando mi espalda.

Agotados, nos limpian con toallitas calientes. Sofia ajusta su uniforme, sonrisa cómplice. ‘Ha sido… inolvidable’. Brindamos champagne, hablando del deal como si nada. Marco firma papeles, Carla chequea mails. Aterrizamos en Vegas, piernas temblando, secreto elite grabado en piel. Ese poder, esa exclusividad… adictivo. Volveré por más.

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