Acabo de cerrar el puto contrato más gordo de mi vida. Estoy en la suite VIP del hotel más exclusivo de Marbella, rodeada de cuero italiano que huele a riqueza y poder. El sol se pone sobre el mar, tiñendo todo de oro. Llevo un vestido de seda negra que se pega a mi piel sudada por la negociación. Él, ese chico de 25 años, mi nuevo socio, no para de mirarme las tetas mientras firmamos. ‘Sofía, eres letal en los negocios’, dice con esa voz ronca, ehh… pero sus ojos dicen otra cosa.
Brindamos con Dom Pérignon, burbujas frías que pinchan la lengua, dulces como el pecado. La mesa está llena de papeles, pero nuestras manos se rozan. ‘¿Quieres ver la vista privada?’, le pregunto, y él asiente, tragando saliva. Cierro la puerta de la terraza con llave. El viento trae olor a sal y yates. Me acerco, mi mano en su corbata de seda. ‘Aquí no hay jefes, solo nosotros’. Sus dedos suben por mi muslo, bajo el vestido. Huele a su colonia cara, cuero nuevo. La tensión explota: nos besamos como animales, lenguas enredadas, mordiendo labios.
La tensión sube entre contratos y champagne
Lo empujo al sofá de cuero, cruje bajo nosotros. Le arranco la camisa, botones volando. Su polla ya está dura, marcada en los pantalones. ‘Joder, Sofía…’, gime. Le bajo el zipper, saco esa verga gruesa, venosa, palpitante. Huele a hombre excitado. Me arrodillo, la chupo despacio, lengua en el glande, salado. Él agarra mi pelo, empuja. ‘Fóllame la boca’, le ordeno, y obedece, follando mi garganta hasta que babeo. Gimo, mis bragas empapadas, coño palpitando.
Me levanto, me quito el vestido. Quedo en tanga de encaje y tacones. Él me tumba en la cama king size, sábanas de hilo egipcio suaves como piel. Me abre las piernas, arranca la tanga. ‘Qué coño tan rico, depilado, mojado’. Lame mi clítoris hinchado, grande como una pasa, chupándolo fuerte. Grito, ‘¡Sí, cabrón, come mi chocho!’. Dedos dentro, curvados, tocan mi punto G. Me corro rápido, chorros en su cara, él lame todo, hambriento.
El clímax brutal en la privacidad absoluta
‘Ahora fóllame duro’, le digo. Se pone encima, polla en mi entrada. Empuja de un golpe, llena mi coño hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe. Pistonea brutal, tetas rebotando, sudor goteando. Cambio: cabalgo, polla profunda, moliendo clítoris en su pubis. ‘Córrete dentro’, suplico. Él me voltea a cuatro patas, agarra caderas, embiste como bestia. ‘Tu culo es mío’. Escupe en mi ano, mete dedo, luego la punta de la verga. Duele rico, estira mi ojete virgen. ‘¡Entra toda, rómpeme!’. Me folla el culo, alternando coño y ano, bolas golpeando. Grito orgasmos, él eyacula dentro, lechada caliente llenándome, chorros interminables.
Nos derrumbamos, jadeando. Limpio con toallitas de seda, olor a sexo y champán. Me visto rápido, peino pelo. ‘Vuelve a la sala de contratos como si nada’, le digo sonriendo. Él asiente, corbata nueva. Bajamos, firmamos el resto. Miradas cómplices, secreto de élite. Nadie sabe. Salgo al jet privado, coño y culo doloridos, sonriendo. Mañana, más negocios. Pero esta noche… fue nuestra.