La noche en el yate era puro fuego, el aire salado pegajoso contra la piel. Olía a cuero nuevo de los asientos y a ese champagne Dom Pérignon que burbujeaba en las copas. Estábamos en alta mar, Costa Brava de fondo, negociando ese contrato millonario. Ella, mi socia temporal, con ese vestido de seda roja que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Yo, en bikini negro y pareo suelto, sintiendo el sol poniente en mis pechos firmes.
Miradas cruzadas sobre los dossiers. ‘Firma aquí, cariño’, le dije, rozando su mano. Sus ojos azules se clavaron en los míos, un segundo de más. El corazón me latía fuerte, el yate mecía suave. ‘¿Segura de que es solo negocio?’, murmuró ella, mordiéndose el labio. Hice como que no oía, pero mi coño ya palpitaba. Detalles del contrato, números, pero mis dedos jugaban con el borde de su copa. El olor de su perfume, vainilla y jazmín, me volvía loca. La tripulación discreta, abajo. Espacio VIP nuestro.
La tensión sube en la cubierta VIP
De repente, la puerta de la cabina principal se cierra. Solo nosotras. ‘Ven aquí’, le ordené, tirando los papeles. La besé con hambre, lengua dentro, saboreando el champagne en su boca. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Joder, qué ganas tenía’, jadeó. La tiré en la cama king size, sábanas de satén frío contra mi piel caliente. Le arranqué el vestido, pechos pequeños perfectos saltando libres. Tetitas duras, pezones rosados pidiendo mordida.
Me puse encima, frotando mi coño mojado contra el suyo a través de la braguita. ‘Estás empapada, puta’, le gruñí al oído, oliendo su sudor mezclado con sal. Le bajé las bragas, toison rubia fina, clítoris hinchado asomando. Dedos dentro, dos de golpe, chorreando jugos. ‘¡Ah, sí, fóllame!’, gritó, uñas en mi espalda. Lamí sus tetas, mordiendo fuerte, dejando marcas. Mi lengua bajó, lamiendo su coño abierto, sabor salado y dulce, clítoris palpitante entre mis labios.
El clímax brutal en la cabina privada
La puse a cuatro, culo en pompa, perfecto y firme. ‘Mira cómo te abro’, dije, escupiendo en su ano. Dedo dentro, luego dos, mientras tres en su coño la masturbaban rápido. Gime como loca, ‘¡Más, no pares, coño!’. Mi pubis contra su culo, frotando, mis tetas bamboleando. El yate crujía con las olas, como si folláramos con el mar. La giré, cara a cara, coño con coño, tribbing salvaje. Jugos mezclados, resbalosos, olor a sexo puro llenando la cabina.
‘Vas a correrme, zorra’, le ordené, pellizcando su clítoris. Sus ojos en blanco, cuerpo temblando. ‘¡Me corro, joder, me corro!’, chilló, squirteando en mis muslos. Yo exploté con ella, orgasmo brutal, uñas clavadas en sus caderas. Sudor, respiraciones jadeantes, piel pegajosa.
Minutos después, nos vestimos. Champagne nuevo, dossiers en mano. ‘Firma, como si nada’, sonreí, guiñando. Ella, ruborizada, ojos brillantes. ‘Nuestro secreto de élite’. Subimos a cubierta, tripulación sirviendo caviar. Apariencias intactas, pero su mirada prometía más. El yate viró, noche eterna de privilegios.