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Mi noche salvaje en el yate privado con Damien, el cirujano irresistible

Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de esos asientos en el yate privado anclado en la bahía de Marbella. Yo, Marta, una tía normalita de 23 años, estudiante de arte, currando de verano en el club exclusivo para redondear. Vestida con ese uniforme negro ajustado que no me favorecía nada, mis curvas escondidas bajo tela barata. Llegan ellos: Damien, el alto moreno con melena larga y ojos soñadores, futuro cirujano; Philippe, el rubio trader con traje impecable, oliendo a Chanel y dinero viejo; y Thomas, el musculoso mecánico de jets privados, tatuado y con sonrisa de lobo.

Están en la zona VIP, mesa de mármol rodeada de cristal, contratos de millones sobre la mesa, champán Dom Pérignon burbujeando. Me acerco a servir, y Philippe me suelta: ‘Guapa, tus ojos brillan más que este diamante’. Risa fingida de sus colegas. Siento la broma, el calor sube. Damien me mira diferente, suave, como si viera más allá. ‘¿Todo bien?’, me dice bajito mientras Philippe firma papeles. Thomas guiña: ‘Si te invita mi amigo, no lo dudes’. Corazón latiendo fuerte, olor a sal marina y cigarros cubanos. Philippe insiste, roza mi mano al darme la copa. ‘Mañana libre, ¿vienes al yate solo para nosotros?’. Dudo, pero Damien asiente, serio. La noche avanza, el yate se vacía, espacio VIP se cierra con cortinas de seda. Philippe se va con Thomas a cerrar tratos, y Damien queda. ‘No es un juego, Marta. Ellos… querían reírse. Pero yo no’. Sus labios cerca, aliento a menta y deseo. La puerta se cierra, privacidad total.

La tensión sube en la zona VIP

Dios, el sofá de piel se pega a mi piel sudada. Damien me besa despacio al principio, lengua explorando mi boca, manos en mi culo apretándolo fuerte. ‘Eres preciosa, joder, con esas tetas grandes’. Le arranco la camisa, su pecho liso, pezones duros. Baja mi falda, ve mi tanga empapada. ‘Mira cómo chorreas por mí’. Me tumba, lame mi coño peludo, lengua en el clítoris hinchado, chupando como loco. Gimo: ‘¡Sí, Damien, no pares!’. Meto mano en su pantalón, saco esa polla gruesa, venosa, cabezona palpitando. ‘Qué pedazo de verga, la quiero dentro’. Se pone condón, me abre las piernas. Empuja despacio, rompiendo mi virginidad, duele un segundo pero placer explota. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito. Acelera, polla entrando y saliendo raspando mis paredes, bolas golpeando mi culo. Tetazas botando, él las mama, pica pezones. Cambio posición, yo encima, cabalgo esa polla dura clavándola hondo, clítoris frotando. ‘Me corro, joder, ¡me vengo!’. Él gruñe: ‘Aprieta mi polla, puta buena’. Eyacula dentro, caliente, yo tiemblo en orgasmo brutal, coño contrayéndose lecheándolo todo. Sudor, olor a sexo crudo, sábanas revueltas.

Minutos después, nos vestimos. Champán otra vez, risas suaves. ‘Nuestro secreto, elite pura’, dice él besándome la frente. Salimos como si nada, él firma el contrato final con Philippe y Thomas, yo sirvo copas con sonrisa profesional. Ellos guiñan, intuyendo algo, pero el poder manda. Damien me susurra: ‘Vuelve mañana, mi yate ahora es nuestro’. Adrenalina, lujo, placer exclusivo. Nunca fui la misma.

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