Ay, Dios… Aún huelo el cuero de los sofás en esa suite del Ritz. Madrid, hace dos noches. Yo, Carolina, nueva jefa de compras públicas. 35 años, casada con Luis, dos niños. Pero el alcalde me presionó: el contrato de videovigilancia, millones de euros, para Visiotec. Si no cae para ellos, adiós empleo. Daniel, el dueño, cincuentón guapo, con ese aire de poder. Lo invité a cenar aquí, en privado. Luis cocinó risotto, rosado caro burbujeando en copas de cristal.
La mesa redonda, vistas a la Gran Vía. Vestido beige ceñido, escote sutil, tacones dorados crujiendo en la alfombra persa. Pelo suelto, perlas frías en el cuello. Daniel llega con flores, sonrisa confiada. Hablamos de todo menos del negocio. Sus ojos bajan a mis piernas cuando sirvo. Luis nota, pero calla. Digestivo en el salón VIP. Champán Dom Pérignon, dulce en la lengua, efervescente.
La tensión sube en el salón privado
Saco el dossier. 200 páginas de pliegos. ‘Aquí está todo, Daniel. Un mes de ventaja.’ Él sonríe, pero serio: ‘Los rivales protestarán. Encuesta. Riesgo para ti… y para mí.’ Yo, firme: ‘Tú compras su silencio. Pero sin inflar el precio.’ Él se ríe: ‘¿Opciones? En la vida hay que jugársela.’ Pausa. Lo miro. Traigo la manilla de mi oficina. ‘Pon tu mano. Simularé un robo. Huellas tuyas. Si investigan, caes tú.’ Silencio largo. Él se levanta: ‘Demasiado riesgoso. Me voy.’
Luis interviene: ‘Espera.’ Me mira. Asiento. Me pongo de pie, cerca de Daniel. El aire huele a su colonia cara, cuero y champagne. Luis baja la cremallera de mi vestido. Desliza… seda cayendo. Quedo en lencería negra, encaje rozando pezones duros. ‘¿Confías ahora?’, pregunto. Él traga saliva. Me acerco, beso a Luis primero, lengua jugosa. Susurro: ‘Foto.’ Vuelvo a Daniel, a horcajadas. Saco sus tetas… digo, pechos. Él chupa, muerde suave. Gimo bajo, cabeza atrás. Sabor salado de su piel.
El clímax crudo y sin filtros
Ahora el acto. Brutal. Me arrodillo, alfombra suave bajo rodillas. Abro su braguette. Polla gruesa, venosa, ya tiesa. Huele a hombre, limpio, excitado. ‘Coge la manilla… o esta puerta’, digo, mano en su verga. Él obedece. La saco, labios rozan glande. Chupo lento, lengua en el frenillo. Saliva gotea. Luis fotografía: clic. Daniel gime: ‘Joder…’. Acelero, boca plena, garganta profunda. Bolas pesadas en mi mano, manicura roja arañando. Él empuja caderas, folla mi boca. ‘¡Casi…!’, gruñe. Me retiro, saliva en barbilla, polla palpitando. No corre. Se levanta, se viste. ‘Buenas noches. No nos veremos hasta el pliego.’
Luis lo acompaña. Vuelvo al baño, ducha caliente, jabón perfumado. Él entra: ‘¿La manilla?’ ‘Inútil. La foto basta. Visiotec es de su mujer, rica. Si sale, lo echa.’ Hicimos el amor bajo el chorro, su polla en mi coño empapado, follada dura contra azulejos fríos. Intensidad salvaje. Al día siguiente, todo normal. Firma el contrato. Yo, en mi oficina, perlas al cuello, sonrisa secreta. Poder, lujo, ese secreto elite nuestro. Adrenalina pura. ¿Repetir? Mmm… quién sabe.