Ay, chicas, os juro que acabo de bajar de ese yate de ensueño en las costas de Ibiza. Yo, Carmen, la española que no se corta un pelo, rodeada de cuatro titanes: Marco, el enano millonario con barba de oro y polla que promete; Lena, la elfa rubia con curvas de infarto; Nina, la tímida mestiza con ojos que hipnotizan; y Kris, el bárbaro tatuado que huele a testosterona y cuero caro. Llegamos al atardecer, el sol tiñendo el mar de rojo, y subimos a la cubierta VIP. Olía a cuero nuevo de los sofás italianos, mezclado con el salitre y el champagne Dom Pérignon que burbujeaba en copas de cristal.
Nos sentamos alrededor de la mesa de caoba, dossiers de contratos multimillonarios abiertos. ‘Mira este deal, Carmen’, dice Marco con voz ronca, pasando páginas, su rodilla rozando la mía. Yo siento el calor subiendo, el roce de su traje Armani contra mi vestido de seda negra que se pega a mis tetas. Lena cruza las piernas, su minifalda subiendo, y me guiña un ojo. ‘¿Y si firmamos con placer?’, susurra. Nina se muerde el labio, sonrojada, pero sus pezones se marcan bajo la blusa. Kris sirve más champán, su mano grande en mi muslo, ‘Esto se pone interesante’. La tensión es eléctrica, miradas que follan antes de tocar. El yate vira a una cala privada, las puertas de la suite se cierran con un clic suave. Ya no hay camareros, solo nosotros. Espacio VIP, nuestro.
La tensión sube en la sala VIP
De repente, Kris me agarra por la cintura, su boca en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, Carmen, te como viva’. Yo gimo, mis manos en su polla dura como hierro bajo los pantalones. Marco se une, desabrochándome el vestido, chupando mis tetas. ‘Mmm, qué pezonazos’, gruñe. Lena se arrodilla, lamiendo mi coño ya empapado, lengua experta girando en mi clítoris. ‘Sabe a miel, puta’, dice riendo. Nina duda, pero yo la beso, metiendo lengua, mientras Kris me abre las piernas. Su polla entra de un golpe, gruesa, llenándome hasta el fondo. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’, grito, el cuero crujiendo bajo nosotros.
El polvo salvaje y sin frenos
Marco la saca, me pone a cuatro patas, embistiéndome por detrás, huevos chocando contra mi culo. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, jadea. Lena se sienta en mi cara, su coño depilado rozando mi boca, yo la devoro, saboreando su jugo salado. Nina, valiente, monta a Kris, rebotando en su verga, tetas saltando. ‘¡Ay, dios, me parte!’, llora de placer. Cambiamos, yo cabalgo a Marco, su polla gorda estirándome, mientras Lena y Nina se lamen mutuamente, dedos en culos. Kris me folla el culo, lubricado con saliva, dolor-placer puro. ‘¡Más profundo, joder!’, suplico. Gemidos, sudor, olor a sexo y champagne derramado. Orgasmo tras orgasmo, yo chorro en la polla de Kris, él eyacula dentro, caliente, lleno.
Al final, exhaustos, cuerpos enredados en sábanas de hilo 1000. Pero… clic, puertas abiertas. Nos vestimos rápido, copas en mano, dossiers cerrados. ‘Bueno, firmamos el contrato’, dice Marco como si nada, sonrisa pícara. Lena ajusta su falda, Nina se sonroja pero brilla. Kris me da un beso discreto. Secretos de élite, poder compartido en silencio. Bajamos del yate, piernas temblando, pero fachadas impecables. ¿Repetimos? Ay, cuando queráis.