Ay, chica, ayer en ese yate privado anclado en Marbella… puro lujo. Baño de mármol blanco, espejo enorme, me subo a la báscula dorada. 118 kilos y 800 gramos. Joder, 600 más que la semana pasada. Me siento en el inodoro de porcelana fría, lloro un rato. Esfuerzos para nada, sigo hinchándome como una puta vaca lechera. Pero esta noche hay reunión VIP con Rubén, el ex de mi amiga Aude. Rumores dicen que soy una caliente. Me pongo un peignoir de seda negra que roza mis curvas pesadas, subo las tetas en el sujetador. Huelo a Chanel caro.
Bajo al lounge. Cuero italiano de los sofás, cruje suave. Champán Dom Pérignon helado en cubitera de cristal. Él ya está, traje Armani ajustado, ojos oscuros. ‘Hola, Cristina’, dice con voz grave, besa mis mejillas, mano en mi hombro carnoso. Olor a su colonia, madera de sándalo. Nos sentamos con los dossiers de contratos en la mesa de ébano. Inversiones, yates, clubs exclusivos. Pero… sus piernas rozan las mías bajo la mesa. Miradas que queman. ‘¿Todo bien con estos números?’, pregunta, pero sus ojos bajan a mi escote. Hago como que no veo, sirvo champán. Burbujas en mi lengua, fresco, dulce. Tensión sube, eh… cojo un dossier, páginas susurran. Su rodilla presiona más. ‘Necesitamos privacidad para detalles’, murmura. Asiento, corazón late fuerte.
Tensión ardiente en el lounge exclusivo
Subimos a mi suite VIP. Puerta se cierra con clic metálico. Espacio privado ahora. Ventanales al mar negro, cama king size con sábanas de hilo 1000. Enciendo la tele por costumbre, zap, cae en porno. Un maduro follando a una sirvienta en castillo. Él se pone rojo, carraspea. ‘¿Lo ves a veces?’, pregunto juguetona. ‘Eh… no’. Río, bebo Chianti frío del minibar. Comento: ‘Mira, la zorra se arrodilla, chupa esa polla peluda. Glup, glup’. Él tose whisky con hielo, lo escupe en alfombra persa. Me excito viéndolo tieso, tímido. Rumores de Jérémie, mi ex: ‘Cristina es una puta que ama el culo’. Lo suelto: ‘¿Quieres follarme como en la peli? ¿Mi boca, tetas, coño… culo?’. ‘Sí’, balbucea.
Clímax brutal en la suite privada
Me quito el peignoir lento, seda resbala por muslos gordos. Sujetador salta, tetas enormes rebotan libres, pezones duros. Culotte blanca baja, húmeda de jugos. La lanzo, él la huele, polla ya fuera, dura como piedra. Me giro, abro nalgas blancas, ano rosa guiña. ‘¿Te gusta mi culo gordo?’. Se lanza, lengua en mi coño empapado. ‘¡Joder, qué rico!’, gimo. Burbujas de saliva, clítoris hinchado. Me tumba en cama, devora, dedos en ano. Yo agarro su polla gruesa, pelo negro abajo, venosa. La chupo profunda, bolas en mi barbilla, gusto salado. Él gruñe: ‘¡Mámala, qué boca!’. Me pone a cuatro, polla en coño primero. Entra chapoteando, ‘¡Fóllame fuerte!’, pego nalgas a sus caderas. Sudor perla piel, olor a sexo y cuero. Luego: ‘¿El culo?’. ‘Sí, rómpemelo’. Escupe, cabeza presiona ano. Duele rico, entra centímetro a centímetro. ‘¡Qué apretado tu ojete!’, jadea. Bombeada salvaje, bolas azotan clítoris. Grito: ‘¡Más, cabrón, destrózalo!’. Manosea tetas colgantes, pellizca pezones. Yo me corro, coño chorrea, ano aprieta polla. Él acelera, ‘¡Me vengo!’. Chorros calientes en mis entrañas, sale sucia, me hace chupar limpia. Sabor amargo, sucio, excitante.
Minutos después, volvemos al lounge. Trajes perfectos, dossiers firmados. Champán nuevo, sonrisa cómplice. ‘Contrato cerrado’, dice él, guiño. Nadie sabe nuestro secreto elite. Adrenalina de poder, placer exclusivo. Mañana, otro yate. ¿Repetimos?