Estábamos en el yate de Javier, mi amante multimillonario. Anochecía sobre el Mediterráneo, el sol teñía el mar de oro. Yo, con un vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas, servía champán Dom Pérignon. Javier y Carlos, su socio en el negocio de yates de lujo, revisaban contratos en la mesa de teca pulida. Olor a cuero caro de los asientos, sal marina en el aire. Mis tacones resonaban suave en la cubierta.
Javier me miró primero, ojos hambrientos. ‘Cariño, trae los dossiers’. Me incliné, mis tetas casi saltan del escote. Carlos tragó saliva, su mirada bajó a mi culo. ‘Está todo aquí’, dije, voz ronca, rozando su mano al pasar los papeles. Javier sonrió pícaro. ‘Carlos, esta mujer es puro fuego’. Él dudó, ‘Sí, impresionante…’. La tensión crecía. Firmaron rápido, copas chocaron. ‘Ahora, privacidad’, murmuró Javier, guiándonos a la cabina principal.
La tensión sube entre contratos y miradas calientes
Puerta cerrada, luces tenues. Espacio VIP total: cama king size con sábanas de hilo egipcio, minibar con hielo crujiente. Me senté entre ellos, piernas cruzadas, coño ya húmedo. Javier me besó el cuello, mano en mi muslo. ‘¿Quieres esto, amor?’. Asentí, mordiéndome el labio. Carlos observaba, polla dura bajo los pantalones. ‘Joder, no sé si…’. Javier rio, ‘Relájate, ella adora el poder’. Le desabroché la camisa, piel caliente, olor a colonia cara.
Caí de rodillas en la alfombra persa. Dos pollas delante: la de Javier gruesa, venosa; la de Carlos larga, curva. ‘Mmm, qué ganas’, gemí. Lamí la de Javier primero, lengua plana en el glande, sabor salado. Carlos jadeó cuando le chupé las bolas, pesadas. ‘¡Dios, qué boca!’. Javier me agarró el pelo, follando mi garganta. ‘Trágatela toda, puta mía’. Carlos se unió, metiéndomela en la boca alternando. Babeaba, gargantas profundas, hasta las arcadas.
El clímax sin frenos en la cabina de seda y cuero
Me tumbaron en la cama, seda fría contra mi piel ardiendo. Javier abrió mis piernas, ‘Mira este coño empapado’. Lamía mi clítoris, dedos en el ano. ‘¡Ah, sí!’. Carlos me mamaba las tetas, pezones duros como diamantes. ‘Fóllame ya’, supliqué. Javier embistió primero, polla hundiéndose en mi coño chorreante. ‘¡Joder, qué apretada!’. Carlos en mi boca, follándome la cara. Cambiaron: Carlos en el coño, Javier en el culo. ‘¡Encúlame fuerte!’, grité. Doble penetración, pollas rozándose dentro, yo en éxtasis. ‘¡Me corro! ¡Sí, llenadme!’.
Olas de placer, cuerpos sudados. Javier eyaculó en mi culo, chorros calientes. ‘Toma mi leche’. Carlos en el coño, ‘¡Me vengo!’. Gemí, orgasmo tras orgasmo, piernas temblando. Me corrieron la boca después, tragando todo, gusto amargo y espeso.
Minutos después, ducha rápida, champán fresco. Vestidos impecables, volvimos a cubierta como si nada. ‘Contrato cerrado’, dijo Javier, guiño. Carlos sonrió, ‘El mejor acuerdo’. Nuestro secreto élite, adrenalina pura. Besos castos, risas educadas. Pero sé que repetiremos. Ese poder, ese lujo… adictivo.