Estaba en la suite presidencial del Mandarin Oriental en Barcelona. Calor sofocante de agosto, vistas al mar iluminado por yates lejanos. Él, Alejandro, un magnate de 40 años, traje impecable, aroma a colonia cara y poder. Yo, Carmen, su ‘asesora’ temporal, falda ceñida, escote que deja ver mis tetas D bien puestas. Sobre la mesa de mármol, dossiers de contratos millonarios. Nuestras rodillas se rozan bajo la mesa. ‘Firma aquí’, le digo, voz ronca, mientras mis ojos bajan a su entrepierna abultada.
Champagne Dom Pérignon, frío, burbujas explotando en mi lengua. Brindamos por el deal. Sus dedos rozan los míos al pasarme la copa. ‘Estás preciosa esta noche’, murmura, mirada fija en mis labios. Siento el calor subir, mi coño humedeciéndose bajo las bragas de encaje. La sala VIP del hotel vibra con jazz suave, olor a cuero de los sofás italianos. De repente, cierra la puerta de la terraza. Espacio privado. Nadie nos ve. Me arrastra al dormitorio, sábanas de seda negra brillando bajo luces tenues.
La tensión sube en la suite presidencial
Sus manos en mi culo, apretando fuerte. ‘Te quiero ahora’, gruñe. Le beso, lengua invadiendo su boca con sabor a whisky. Me arranca la blusa, tetas al aire, pezones duros como piedras. Él gime, chupándolos voraz, mordisqueando. ‘Joder, qué tetas…’. Bajo su cremallera, su polla salta, gruesa, venosa, 20 cm palpitando. La agarro, masturbo lenta, piel suave y caliente. Él me tumba en la bañera jacuzzi, agua templada borboteando.
Me abre las piernas, mi coño depilado reluciendo mojado. ‘Mira cómo chorreas por mí’. Lame mis labios mayores, lengua plana lamiendo hasta el clítoris hinchado. Gimo fuerte, ‘¡Sí, chúpame el coño, cabrón!’. Dedos dentro, curvados tocando mi punto G, salpico jugos en su cara. Él jadea, polla goteando precum. Cambio, 69 perfecto. Su polla en mi garganta, la chupo profunda, bolas en mi barbilla, sabor salado. Él devora mi culo, lengua en el ano mientras frota clítoris. Tiemblo, orgasmo brutal, grito ahogado por su verga.
Clímax brutal y secreto compartido
A la cama, misionero salvaje. Entra su polla de un golpe, rompiéndome, coño estrecho apretándolo. ‘¡Fóllame duro!’. Embestidas potentes, huevos golpeando mi culo, tetas rebotando. Sabor sudor mezclado con perfume. Cambio a perrito, rodillas en seda, él agarrando caderas. Polla clavándose profundo, tocando cervix. ‘Tu coño es mío, puta de lujo’. Me corro otra vez, squirteando en sábanas, cuerpo convulsionando. Él acelera, gruñendo, ‘Me voy a correr…’. Eyacula dentro, condón lleno, calor inundándome. Caemos exhaustos, piel pegajosa.
Minutos después, ducha rápida, olor jabón caro. Nos vestimos, él firma el contrato con sonrisa pícara. ‘Nuestro secreto, reina’. Brindamos champagne tibio, como si nada. Salimos del penthouse, él al jet privado, yo a mi limusina. Apariencias perfectas, pero ese guiño… puro fuego élite. Aún siento su polla en mí.