Hola, soy Sofía, Sofía Ruiz, pero todos me llaman Sofi. Tengo treinta y cuatro, poker pro de Madrid. Vivo de las cartas, hoteles de lujo, jets privados. No soy millonaria, pero me paga caprichos salvajes. Esta noche… uf, en Ibiza. Hotel W, club exclusivo en un yate anclado. Adrenalina pura, olor a sal marina mezclado con cuero italiano de los asientos.
Me planto en la barra, vestido negro ceñido, escote que distrae. ‘Vodka martini, shaker, hielo fresco, una aceituna’, le digo al barman, Pablo. Sonríe, ‘¿Pro del torneo mañana?’. ‘Sí, pero nada interesante ahí fuera’. Desaparece, vuelve: ‘Partida VIP atrás, high stakes. Te quieren’. Corazón late fuerte. ‘Vale, prepara sus copas. Yo sigo la tuya’.
La Tensión en la Mesa del Yate Exclusivo
Entro. Sala pequeña, mesa ovalada de caoba. Cuatro: tres tíos, una rubia tetona. Él, el alfa, Víctor, ojos grises como acero, traje a medida. Agua con gas. Peligroso. Gin tonic para ella, Laura; bourbon hielo para el joven, Nico; puro para el gordo, Raúl. Me siento, desabrocho un botón más. ‘Sofía, Sofi. 50 mínimo’. Jetons llegan. Texas Hold’em cerrado, cartas ocultas.
Primeras manos, observo. Nico nervioso, pie tamborileando bajo mesa, vibra en mi muslo desnudo. Laura mira rápido sus cartas. Raúl fuma, humo denso, amargo. Víctor… impasible. Miradas chocan, suyas queman, recorren mi piel. Sudor fino en cuello, seda del vestido pegada. Tensión sube, aire cargado de testosterona, perfume caro, cuero caliente.
Gano un par de botes pequeños. Él sube, yo sigo. ‘¿Segura, Sofi?’, voz grave, sonrisa lobuna. ‘Hasta el final’. Risas. Laura se moja labios. Espacio se cierra, puertas selladas, VIP puro. ‘Otra ronda’, dice él. Champagne Dom Pérignon, burbujas en lengua, dulce ácido. Miradas se clavan, piernas rozan bajo mesa. ‘Apostemos algo… personal’, suelta Víctor. ‘Mi tanga negra contra 1500’. Todos callan. ‘Hecho’. Me levanto, voy baño, vuelvo con bola de encaje en mano. La tiro al tapete. Ojos sobre mí, falda sube un poco, coño expuesto al aire fresco.
El Sexo Salvaje en la Suite Privada
Reparten. Dos ochos, as. Cambio tres. Mío: carré ochos. ‘Carré de 7’, dice él, cartas abajo. ‘Ochos, guapo. Tuya era’. Río, cojo jetons y tanga. Pero él: ‘Revancha… en privado’. Suite adjunta, cristal tintado, vistas mar negro. Puerta cierra.
Me empuja contra pared, cuero sofá cruje. Boca en mi cuello, barba pincha, manos arrancan vestido. ‘Joder, qué tetas’, gruñe. Pezones duros, chupa fuerte, muerdo labio. ‘Fóllame ya’, gimo. Pantalón abajo, polla gruesa, venosa, cabezona roja. La agarro, dura como hierro, pre-semen salado en lengua. Me arrodillo, chupo profundo, garganta llena, saliva chorrea. ‘Sí, puta buena’, jadea.
Me pone a cuatro, sofá hunde. Dedos en coño, mojado chorreando. ‘Estás empapada, zorra’. Entra de golpe, polla parte carne, llena hasta útero. ‘¡Ahhh!’, grito. Bombea salvaje, huevos azotan clítoris, sudor gotea. ‘Más fuerte, cabrón’. Cambia, me monta, piernas abiertas, polla martillea. Grito orgasmos, coño aprieta, leche caliente inunda dentro. Tiembla, ruge.
Jadea sobre mí, olor sexo, semen, champagne. Beso lento. ‘Eres increíble’. Me visto, tanga en bolso. Vuelvo mesa, sonrisa fresca. ‘Buena partida, chicos’. Miradas cómplices, Víctor guiña. Copas chocan, como si nada. Secreto elite. Salgo, aire noche, coño palpita aún. Mañana torneo… pero esta noche, mía.