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Mi noche de deuda en el club VIP: placer exclusivo y crudo

Ay, chicas, acabo de aterrizar del jet privado y aún tiemblo… Uf, qué noche en ese club exclusivo de Ibiza. Mi novio, siempre jugándosela en partidas de póker high stakes con millonarios, perdió una fortuna. En la última mano, el muy idiota me pone de prenda: ‘Si pierdo, Carmen es vuestra por unas horas’. Y zas, perdió. Yo, cabreada pero con el coño palpitando de morbo, me visto con mi vestido de seda negro ceñido, lencería La Perla roja fuego, tacones Louboutin, y sigo a Pablo y Miguel al reservado VIP.

Entramos. Olor a cuero nuevo de los sofás italianos, mezclado con Dom Pérignon burbujeando en copas frías. Luces tenues, vistas al mar Mediterráneo desde ventanales blindados. Se sientan en la mesa de ébano, sacan dossiers gruesos de contratos multimillonarios. ‘Firma aquí, preciosa’, dice Pablo, sus ojos clavados en mis tetas que asoman por el escote. Tension… eh, se nota en el aire espeso. Cruzo las piernas, la seda roza mi piel, sin bragas debajo. Miguel me roza el muslo con su mano manicura perfecta, sube despacio. ‘Eres la mejor garantía para cerrar este trato’, susurra, aliento a whisky añejo. Yo sonrío, mordiéndome el labio, el corazón latiendo fuerte. Papeles crujen, miradas calientes, copas chocan. ‘¿Lista para negociar de verdad?’, pregunta Pablo, su voz ronca. La puerta se cierra con clic metálico. Ahora es privado, solo nosotros tres en este palacio flotante de privilegios.

La tensión en el reservado de lujo

Pablo no pierde tiempo. Me agarra por la cintura, me sube el vestido hasta la cadera. ‘Joder, mira cómo chorrean tus labios, zorra. Ya estás preparada’. Sus dedos gordos, calientes, se clavan en mi coño depilado, resbaladizo de jugos. Me dobla sobre la mesa fría, dossiers volando al suelo. Dos dedos dentro, curvados en mi punto G, bombeando rápido. ‘¡Ah, sí, cabrón!’, gimo, arqueando la espalda, tetas aplastadas contra el cristal. Olor a mi excitación, salado y dulce, con el cuero debajo. Miguel delante, desabrocha pantalones Versace, saca su polla enorme, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpala toda, puta de lujo’. Me arrodillo, rodillas hundiéndose en alfombra persa, agarro esa verga gruesa como mi muñeca. La chupo hambrienta, lengua girando en el glande hinchado, sabor salado invadiendo mi boca. Pablo atrás, lame mi culo abierto, lengua hurgando el ano mientras tres dedos me follan el coño. ‘Tu ojete pide polla’, gruñe.

El clímax salvaje y el regreso al lujo

Me levantan como una muñeca. Pablo me empala en su polla gorda, clavada hasta el fondo, estirándome el coño hasta doler placenteramente. ‘¡Fóllame duro, joder!’, grito, uñas clavadas en sus hombros. Miguel en mi boca, follando garganta profunda, bolas peludas contra mi barbilla. Cambian: Miguel me parte el culo, lubricado con mi propio nectar, entrando centímetro a centímetro. ‘¡Qué ano virgen, aprietas como una puta!’, jadea. Doble penetración ahora, pollas frotándose dentro separadas por una fina pared, bombeando sincronizadas. Sudor perla mi piel, tetas rebotando salvajes, pezones duros rozando camisas de seda. Orgasmos me barren, coño contrayéndose, squirt salpicando el suelo de mármol. ‘¡Córrete dentro, llenadme!’, suplico. Chorros calientes: semen espeso en boca, tragándolo con gusto amargo; en coño y culo, goteando piernas abajo.

Uf… jadeamos. Se limpian con toallitas de hilo egipcio, me arreglan el vestido, peinado perfecto. ‘Buen negocio cerrado, Carmen. Discreción absoluta’, dice Pablo, guiñando. Brindamos champán fresco, risas elegantes como si hubiéramos firmado un contrato normal. Salimos, flashes de paparazzi lejos. Mi novio espera en el Bentley, polla dura bajo pantalones. En casa, le cuento detalles susurrando, él se corre en mis tetas viendo fotos borrosas. Secreto de élite, adrénaline pura. ¿Volvería? En un segundo.

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