You are currently viewing Mi Encuentro Torride en el Lago Privado del Resort de Lujo

Mi Encuentro Torride en el Lago Privado del Resort de Lujo

Estaba en ese resort de cinco estrellas en las montañas, uno de esos sitios donde solo entran millonarios. Yo, con mi suite VIP, había bajado al club exclusivo la noche anterior. Allí, entre sillones de cuero que olían a caro, con ese aroma intenso a piel curtida y habano, charlaba con Carlos y Diego. Dos ejecutivos, trajeados, firmando contratos sobre la mesa de mármol. ‘Firma aquí, nena’, me dijo Carlos, con esa mirada que quema. Diego rozó mi mano al pasarme el bolígrafo, eh… un escalofrío. Champagne Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, dulces con toque ácido. Sus ojos devorándome el escote del vestido de seda negra, que se pegaba a mis tetas como segunda piel. ‘¿Qué tal si mañana temprano nos vemos en el lago privado?’, soltó Diego, voz ronca. Sonreí, mordiéndome el labio. ‘Vale, pero solos’. La zona VIP del lago, solo para huéspedes élite, se cerraba a las 7 a.m. Perfecto para privacidad.

Me levanté al alba, bikini diminuto bajo la bata de cachemira, suave rozando mis pezones ya duros por la anticipación. Caminé por el sendero exclusivo, niebla matutina oliendo a pino fresco y tierra húmeda. El lago, cristalino, unos 300 metros, rodeado de cabañas glamping de lujo –tienen aire acondicionado, cama king y minibar–. Decepción: una cabaña ocupada justo en la orilla más bonita, donde el sol naciente doraba el agua. Quería fotos perfectas, desnuda quizás. Pero… zipper. Sale Carlos, en bañador ajustado, torso bronceado, sonrisa lobuna. ‘¡Buenos días, preciosa!’. Le devuelvo el saludo, corazón latiendo fuerte. Se estira, músculos tensos. Detrás, Diego, en slip, brazos alrededor de la cintura de Carlos –eh, son pareja abierta, lo pillé–. Me miran fijo, sin pudor. ‘¿Vienes a nadar?’, pregunta Carlos. ‘El agua está templada, fuente termal. Y olvídate del bikini’. Manon… digo, yo me quito la bata. ‘Desabróchame?’, pido a Diego. Él lo hace, mis tetas libres, pezones rosados al aire. Me bajo el slip, coño depilado liso, camino al agua, culo meneándose.

La tensión sube entre contratos y champagne

No lo pienso: entro desnuda. Ellos igual, pollas semi-duras balanceándose. Agua tibia envolviéndome, suave como caricia. Jugamos, salpicando, cuerpos rozando. Sus pollas se endurecen bajo el agua, la mía palpita. Salgo primero, piel erizada, tetas con gotas brillando. Diego trae toallas de algodón egipcio, suaves como nubes, y una botella de Moët helada. Nos secamos mutuo: yo a Carlos, él a Diego, Diego a mí. Empiezo por pelo corto de Carlos, luego cuello, espalda. Manos en riñones, eh… fosas. Sus manos en mi culo, amasándolo. Bajo a piernas, me agacho, ofrezco mi coño. Carlos mete dedo en mi raja, frotando clítoris hinchado. ‘Joder, estás chorreando’. Diego seca mis tetas, pellizca pezones. Mi mano llega a su polla, gorda, venosa. La acaricio, Manon… yo la mamo despacio, lengua en el glande salado.

El clímax salvaje y el regreso al lujo discreto

De repente, Carlos me dobla, lengua en mi ano, lamiendo. Diego me come el coño, dedos dentro, chapoteando. ‘¡Fóllame ya!’, gimo. Carlos empuja su polla dura, gruesa, hasta el fondo. Pum pum, embiste, huevos golpeando mi clítoris. Diego me mete en la boca, follando garganta. Cambio: monto a Diego, coño tragándosela, Carlos en mi culo, doble penetración. ‘¡Sí, joder, rómpeme!’, grito. Sudor salado, olor a sexo crudo mezclado con pino. Me corro primero, chorros empapando, piernas temblando. Ellos se sacan, me arrodillo. ‘Córrete en mi cara’. Carlos eyacula primero, leche caliente en tetas y boca, espesa, amarga. Diego sigue, chorros en mi lengua. Trago, relamiéndome.

Jadeando, nos enjuagamos en el lago. Toallas secas, bata on. Champagne para brindar. ‘Ha sido… inolvidable’, dice Carlos, guiñando. ‘Nuestro secreto élite’, responde Diego. Vuelvo al resort, piernas flojas, coño palpitando. En el club, más tarde, contratos firmados como si nada. Miradas cómplices, sonrisa discreta. Ese lago… mi fantasía para siempre.

Leave a Reply