Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Anoche, en el yate privado de Javier, ese tiburón de los negocios que me tiene loca. Olía a cuero nuevo y sal marina, con el champagne Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Estábamos en la sala VIP, revisando contratos sobre la mesa de mármol, pero sus ojos… uf, me comían viva. ‘¿Estás segura de esto?’, me dijo, pasando la mano por mi muslo bajo la falda de seda. Yo, con el corazón a mil, ‘Sí, joder, háblame de eso que tu ex te hacía’. Él sonrió, malicioso, ‘Fisting, nena. Le volvía loca el puño entero en su coño’. Me mojé al instante, el calor subiendo por mi piel.
Sus amigas me lo habían contado esa misma tarde en el spa del hotel. Bouchra, la más tímida, soltó: ‘Yo lo pruebo con Abdel, es brutal, pero con lubricante y paciencia… orgasmo de muerte’. Marie y las otras babeaban preguntando detalles. Yo, pensando en Javier, su polla curva que me folla como un dios, decidí: esta noche, en el yate, lo intento. Ahora, solos en la cabina privada, cerramos la puerta blindada. El espacio se volvió nuestro. Él me besó el cuello, olor a su colonia cara mezclada con mi perfume. ‘Desnúdate’, ordenó, voz ronca. Me quité el vestido, tetas al aire, pezones duros rozando el aire acondicionado.
La Tensión en la Suite del Yate
Me tumbó en la cama king size, sábanas de satén frío contra mi espalda caliente. Abrió el tubo de lubricante Durex, ese caro que compré. ‘Relájate, puta mía’, murmuró, untando sus dedos. Primero uno, luego dos, en mi coño ya chorreando. ‘Joder, qué húmeda estás’, gruñó, lamiéndome el clítoris. Su lengua giraba, succionaba, mientras metía tres dedos, estirándome. Gemí, arqueándome, ‘Más, cabrón, dame más’. Cuatro dedos ahora, abriéndome como nunca. El olor a sexo llenaba la cabina, mix con champagne derramado. Dudé un segundo, ‘¿Duele?’, pero él, paciente, ‘No si vas despacio, como con mi ex’. Su pulgar entró milímetro a milímetro, frío al principio, luego ardiente. Grité cuando su puño completo me llenó, el coño palpitando alrededor.
El Clímax Brutal y el Secreto Compartido
¡Dios, qué fullness! Me follaba con el puño, lento al principio, rotando dentro. Tocó mi punto G, esa zona rugosa, y… ¡pum! Squirté como una fuente, chorros calientes empapando las sábanas de 1000 hilos. ‘¡Me vengo, joder, no pares!’, chillé, uñas en su brazo. Él aceleró, puño entrando y saliendo, chapoteando en mis jugos. Orgasmo tras orgasmo, perdí la cabeza, mordiéndome los labios hasta sangrar un poco. Sudor perlando su frente, él se asticuaba la polla enorme con la otra mano. ‘Mira cómo te abro, zorra de lujo’, jadeaba. Duró minutos eternos, mi coño dilatado, sensible, explotando en placer puro.
Al final, exhausta, él sacó el puño con un pop húmedo. Me limpió con toallas calientes del baño VIP, besándome suave. ‘Guau, nena, has sido increíble’, susurró. Nos vestimos rápido, él ajustándose la corbata Armani, yo retocando el maquillaje en el espejo dorado. Salimos a la cubierta como si nada, brindando con más champagne frente a la tripulación. ‘Contrato firmado’, dijo él alto, guiñándome. Nuestro secreto élite, ese fisting brutal en medio del mar. Aún siento el eco en mi coño. ¿Quién dijo que el poder no folla?