Estaba en ese yate impresionante, anclado frente a la Costa Brava. Todo olía a cuero nuevo y sal marina. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan en la lengua. Yo, vestida de seda negra ceñida, tacones que clavan en la madera pulida. Él, Javier, mi viejo compañero del colegio privado. ¿Te acuerdas? El de la espalda torcida, la protuberancia que lo hacía parecer un Quasimodo mini. Todos lo evitábamos, los niños crueles. Pero yo… yo siempre fui la rarita que lo defendía.
Ahora, mirándolo, con su traje Armani impecable, fumando un puro cubano, era un tiburón de los negocios. Millonario en cripto, dueño de jets y clubes exclusivos. Estábamos solos en la zona VIP, revisando contratos. Dossiers abiertos sobre la mesa de caoba, números bailando bajo la luz tenue. ‘Mira esto, Sofía’, dice, inclinándose. Su aliento huele a whisky añejo. Nuestros ojos se cruzan. Largo. Demasiado. Siento el calor subir por mi coño. Él nota mi escote, la curva de mis tetas bajo la seda. ‘Han pasado años, ¿eh?’, murmura, voz ronca. Yo sonrío, mordiéndome el labio. ‘Sí, pero sigues siendo… único’. La tensión crece. Manos rozan papeles, pero es piel lo que quiero tocar. El mayordomo desaparece discretamente. El yate se transforma. Puerta cierra. Ahora es nuestro.
La tensión sube en la cubierta VIP
De repente, su mano en mi muslo. Fuerte. ‘Joder, Sofía, siempre te deseé’. Yo jadeo, ‘Hazlo’. Lo empujo contra el sofá de cuero. Desabrocho su bragueta. Su polla salta, gorda, venosa, tiesa como una barra de hierro. ‘Mira qué pedazo’, digo, lamiéndome los labios. La agarro, masturbo despacio, sintiendo el pulso. Él gime, ‘Chúpamela, puta’. Me arrodillo, olor a macho puro. Boca abierta, trago hasta la garganta. Glups profundos, saliva chorreando. Él me agarra el pelo, folla mi boca. ‘Sí, así, zorra’. Escupo, relamo las bolas peludas. Luego, me pone a cuatro patas sobre la mesa. Papeles vuelan. Arranca mi tanga de encaje. ‘Qué coño mojado, depilado perfecto’. Dedos dentro, chapoteo. ‘Estás chorreando por mí’. Empuja su verga de un golpe. Duele rico. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’ Gruñe, embiste como animal. Paf paf paf, contra mi culo. Sus manos en mi bosse… no, en mis caderas, pero roza su espalda torcida contra mí. Me excita más. ‘Tu polla me parte, joder’. Cambio posición, cabalgo. Tetas botando, pezones duros. Él chupa uno, muerde. Yo grito, orgasmo viene. ‘Me corro, ahhh’. Chorros en mi coño. Él sigue, ‘Ahora en tu culo’. Lubrique con saliva, entra despacio. Anal apretado, quema. ‘¡Sí, rómpeme el ojete!’ Acelera, sudados, olor a sexo y sudor. Eyacula dentro, caliente, lleno.
Nos derrumbamos, jadeando. Ropa recogida rápido. Copas de champagne otra vez. ‘Contrato firmado’, digo, guiñando. Él asiente, traje perfecto de nuevo. Mayordomo trae ostras. Aparcamos como si nada. Secretos de élite. Pero sé que volverá. Su polla en mi mente. Lujo, poder… y ese polvo inolvidable.