Acabo de colgar con mi novio… Pobre, se aburre en Madrid. Le conté de Charles como un crío soso, para que no sospeche. Pero joder, si supiera lo que me bulle dentro… Me pongo el bikini negro, ese que se pega como una segunda piel, deja el culo al aire y marca mi coño depilado. Huelo a vainilla del aceite que me unté.
El yate de la familia Trent es una puta pasada. Anclado en una cala exclusiva de la Costa Brava, solo para VIP. Bajo al jacuzzi privado en la cubierta inferior. Charles ya está ahí, hundido en el agua burbujeante, con una botella de Dom Pérignon en hielo y música lounge de Buddha Bar sonando bajito. El sitio es octogonal, paredes con frescos orientales: mujeres desnudas en harenes, fumando narguiles, follando entre pétalos de rosa. Luces naranjas, olor a jazmín que tapa el cloro. Bajo los dos escalones de mármol, el agua tibia me envuelve como un amante.
La tensión sube en el paraíso acuático
Se me queda mirando el coño liso bajo la lycra. Sirve champán, burbujas frías en la lengua, amargo dulce. Su cuerpo… Igualito al de su padre: torso liso, pecs duros, piernas fuertes. Bermudas anchas, pero intuyo una polla gorda ahí debajo. Nos estiramos lado a lado, charlando gilipolleces. Las burbujas masajean mis músculos del jet privado de antes. Huelo el cuero de los asientos del yate mezclado con su colonia cara.
La charla muere. Comento lo cachondo de los frescos. Él ríe, suelta chistes sucios. ‘Este sitio está para follar, no para aburrirse’, dice. Asiento, ojos entrecerrados. Abro un poco las piernas, un chorro de agua caliente me lame el clítoris a través del bikini. Joder, qué gustazo. Me mojo el coño al instante. Su pierna roza la mía. La aparto, no tan fácil, guapo.
Pero lo quiero tocándome. Disimulo, meto dos dedos bajo el bikini, aparto la tela. El chorro directo en mi botón hinchado. Muevo caderas lento, invisible bajo el agua. Él pasa la mano por mi pelo, cuello… Baja al hombro, masaje suave. No me muevo, finjo dormir. Sus dedos bajan a mi espalda, rozan las nalgas. La otra mano en mi vientre, sube al borde de los tetones. Se me ponen duros como piedras.
El clímax brutal y el secreto compartido
‘¿Qué coño haces?’, pienso, pero gimo bajito. Sus labios en mi cuello, húmedos. Meto dedos en mi coño chorreante, follo mi propia cueva mientras él tantea. La mano libre baja a mi monte de Venus, presiona el clítoris. Abro piernas más, su polla dura roza mi muslo. Froto contra ella. ‘Fóllame ya’, susurro en mi cabeza.
A los 20 segundos, aprieta mi clítoris con dedos firmes. ¡Boom! El orgasmo me parte en dos. Ondas calientes desde el coño, grito ahogado. Cierro muslos, aprieto su mano contra mi botón palpitante. Mi coño chorrea jugos en el agua. Él se queda tieso, pillado.
Le suelto una hostia que le deja la mejilla roja. ‘¡Maricón, pedófilo! ¿Me tocas dormida? ¡Te denuncio!’, grito. Su polla, enorme bajo los bermudas, se encoge. Tres veces la de mi novio, gorda, venosa. Me tiemblan las piernas, coño hinchado aún. ‘Por favor, no digas nada… Haré lo que quieras’, suplica. ‘¿Violarme ahora?’, le digo, casi deseándolo.
Me pongo la bata de seda, subo a mi suite. Él me sigue, ruega en la puerta. ‘Júrame silencio, o tus padres y los míos lo saben’. Asiente, polla aún medio tiesa. Cierro con llave, sonrío. Mañana, será mi juguete. Ducha rápida, olor a cloro fuera. Me meto en la cama king size, huelo sábanas frescas. Duermo como un ángel, salope total.