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Mi noche prohibida con los herederos en el yate privado

Acabo de volver de unas vacaciones sola en un resort de lujo en Ibiza, primera vez en años sin nadie. Junio, antes del follón turístico. Sol abrasador, mar tibio, playa virgen. Me tumbo horas enteras… uf, qué delicia. Ese segundo día, al volver de la playa, veo movimiento en la terraza del yate anclado al lado de mi villa privada. El único ocupado fuera de temporada alta. Les saludo con un ‘buenas tardes’ y sonrisa pícara. Cinco tíos jóvenes, hijos de millonarios supongo, acabados los exámenes en la uni top. Están con cócteles, riendo, pero se callan al verme. Sus ojos… joder, me desnudan. Soy mayor, claro, pero… ¡qué morbo!

Soy Valeria, casi cuarenta, pero mi cuerpo sigue siendo una bomba: curvas perfectas, tetas grandes, culo redondo. La robecita de verano ajustada deja poco a la imaginación, el olor a sal y crema solar en mi piel bronceada. Sonrío, noto su lío. En la ducha, me toco las tetas pesadas pensando en ellos. Hace tiempo que no siento ese poder. Mi último rollo, un casado. ¿Un chaval de veintipocos? Mmm, por qué no. Al día siguiente, bajo a la playa, les echo un vistazo: persianas bajadas, resaca de fiesta. Vuelvo al mediodía, ahí están, con carpetas y contratos sobre la mesa de teca del yate, hablando de herencias y negocios familiares. Me miran mientras desfile, meneando el culo adrede.

La tensión sube en la terraza VIP

–¡Hola, guapos! –les digo sonriendo. Respondan en coro, pero mudos de babas. Ninguno suelta prenda. En la playa, sé que me siguen. Me baño, salgo chorreando, bikini pegado a mis tetas tiesas, pelo mojado goteando. Se ponen a diez metros, fingiendo. Me echo en la toalla, me camelo arqueando la espalda, ofreciendo el culo y las tetas. Oigo sus susurros: ‘¡Joder, qué buena está!’. Sus cuerpos jóvenes, musculados, en slips ajustados… me ponen. Pero ellos no dan el paso, tímidos pese al postureo. Vuelvo a la villa frustrada, ducha caliente, arena pegajosa. Quiero una polla dura, no mis dedos.

Sonan a la puerta, envuelta en albornoz de seda. Es Jérémy, no, Javier, el más guapo, moreno, sonrisa nerviosa. Ojos en mis tetas. –Eeeh… perdona, los colegas y yo… ¿quieres venir al yate a tomar algo? Si te apetece… –tartamudea, rojo. Me mojo al instante. –Vale, ahora voy –digo simple. Me hago la dura, media hora fantaseando: todos follando mi coño. Me pongo la misma robe, sin braga ni sujetador. Tetas sueltas, pezones marcados, olor a Chanel sutil. Bajo al yate, cuero de asientos oliendo a lujo, champán Dom Pérignon frío.

Entran en el lounge VIP, luces tenues, vistas al mar. Me sientan en sofá de piel, rodeados. Charla tonta, pero tensión eléctrica. Sus miradas en mis curvas mientras hojean contratos olvidados. –Gracias por invitarme, sois unos tíos impresionantes –les suelto guiñando. Se callan. –Seguro muchas chicas os comen –añado. Risas nerviosas. –Bastian es virgen –suelta uno. –¡Eh! –protesta. –¡Y tiene la polla más gorda! –bromea otro. –¿Cuánto mide? –pregunto lamiéndome los labios. –Veintitrés… –murmura. –¿Me la enseñas? –lanzo.

El clímax salvaje y el secreto élite

Locura. Bajó pantalón, ¡joder, qué verga gorda y venosa! Se empalma. –¿Puedo tocar? –Sí, chúpala –dice desatado. Me arrodillo, agarro esa polla dura, huelo a macho joven. La meto en boca, chupo el glande salado, lengua en el frenillo. Gime fuerte. Sus colegas se pajéan disimulado. La mamaba profunda, saliva chorreando, mano branquándola rápido. ‘¡Me corro!’ –ruge, chorros calientes en mi garganta. Trago todo, mirándolos maliciosa. A cuatro patas, levanto falda: coño depilado chorreando, culo abierto. –¿Quién sigue? Pollas fuera, tíos.

Me follan sin piedad. Javier me clava su verga en coño empapado, embiste salvaje, tetas rebotando. ‘¡Qué coño apretado!’ –gime. Otro en mi boca, garganta profunda. Cambian, doble penetración: polla en culo virgen, estirándome, dolor-placer. Grito: ‘¡Más duro, joder!’. Semen por todos lados, en tetas, cara, coño rebosando. Sudor, olor a sexo y champán. Clímax múltiple, tiemblo.

Después, duchas rápidas en el yate. Vuelven trajes, yo robe impecable. Brindamos contratos como si nada. –Ha sido un placer, chicos –digo besando mejillas. Secretos élite, sonrisas cómplices. Nadie sabe, pero volvimos cambiados. Adrenalina pura.

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