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Noche Prohibida en la Suite del Yate Privado: Mi Secreto con Él

Ay, chicas, acabo de bajar del yate privado de mi empresa. Todo empezó en ese crucero exclusivo por el Mediterráneo, solo para peces gordos: millonarios, contratos de millones, champagne Dom Pérignon helado. Yo, vestida con mi vestido de seda negro que se pega a mis curvas, oliendo a Chanel No. 5 mezclado con sal marina. Él, Javier, casado con una de esas, alto ejecutivo, traje Armani impecable, ojos que me desnudan cada vez que pasa.

Estábamos en la sala de juntas VIP, rodeados de cuero italiano suave, vistas al mar infinito. Firmando contratos, pero… uf, la tensión. Nuestros dedos se rozaban al pasar papeles, eh… accidental, ¿no? Le pillaba mirándome las tetas, yo a él el bulto en los pantalones. ‘Javi, este cláusula… ¿la revisamos?’, le digo bajito, mordiéndome el labio. Él sonríe, ‘Sí, nena, pero despacio’. Durante el día, en la cubierta, le pellizco el culo disimulando, él me roza la concha por debajo de la falda con colegas cerca. Adrenalina pura, olor a yate caro, piel sudada.

La Tensión entre Contratos y Miradas en el Yate

Llega la tormenta. Viento fuerte, olas locas, el capitán dice: ‘Quedamos anclados, imposible movernos’. El grupo se dispersa a camarotes. Javier y yo acabamos en la suite presidencial, solos. ‘Quédate, hace frío fuera’, me dice, sirviendo champán. Burbujas en mi lengua, dulces, frías. Nos sentamos en la cama king size, sábanas de hilo egipcio. Hablamos de todo… y de la otra noche, ese masaje que acabó con mi coño chorreando.

‘¿Te gustó cuando te metí la polla un segundo?’, le pregunto, voz temblorosa. ‘Joder, sí, pero no gritas… ¿te hice venir?’, responde. ‘Dos veces, cabrón, tu lengua en mi clítoris… mi ex era un inútil, cinco minutos y adiós’. Nos reímos, pero el aire se calienta. Le pongo encima, en bragas, frotando mi coño húmedo contra su polla tiesa bajo el boxer. ‘Muévete así, ondula el culo’, le enseño, mis caderas lentas, rozando, mojadita ya.

Me gira, boca abajo. Desliza mi tanga, su polla entre mis nalgas, piel contra piel, calor. ‘Me encanta esta postura, total contacto’, murmura en mi oreja, besos húmedos en el cuello. Manos en mis tetas, pellizca pezones duros. Dedos en mi clítoris, resbaladizo. Abre mis piernas con la rodilla, su glande en mi entrada. ‘La variante… piernas cerradas’. Empuja despacio, entra centímetro a centímetro, mi coño apretado lo aprieta. ‘¡Dios, Javi, te noto el doble, lléname!’.

El Polvo Brutal en Privacidad Total

Un empujón seco, polla hasta el fondo, cachete en mis nalgas. Gimo fuerte, placer eléctrico. Sale, me deja frustrada. ‘Ven, acurrúcate’. Pero medianoche, su mano en mi boxer, me la menea dura. ‘Para… o te follo de verdad’. Sigue, chupa mi oreja. No aguanto, me monto encima, mirada seria. Bajo su boxer, su polla gorda, venosa. La guío, me siento de golpe, coño tragándosela entera. ‘¡Joder, qué prieta estás!’.

Follo ritmado, vaivén perfecto, sus manos en mis tetas rebotando. Besos salvajes, piernas cruzadas en su espalda. Acelero, clítoris frotando, vengo gritando bajito. Él sale, chorros calientes en mi pubis, espeso. Nos miramos, sudados, olor a sexo y mar.

Al día siguiente, tormenta pasada, volvemos al desayuno élite. Trajes perfectos, sonrisas protocolarias. ‘Buen finde, Léa’, me dice su colega. Yo asiento, guiño disimulado a Javier. Secreto nuestro, élite pura. Culpa? Un poco, pero ese polvo… inolvidable. Ahora, quiero más.

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