Ay, chicas, acabo de volver de un fin de semana en la mansión de Enrique en Burdeos. Ese lugar es puro lujo: vistas a viñedos infinitos, establos con purasangres relucientes, olor a cuero nuevo en los sillones y champán Dom Pérignon que sabe a pecado. Yo, vestida de seda negra ceñida, pechos al aire casi, sintiendo la brisa fresca en la piel bronceada. Enrique me trata como reina, pero esta vez invitó a dos jockeys ingleses, Jack y Bill. Bajitos, pero con cuerpos de acero. Jack, rubio angelical con ojos de lobo; Bill, moreno musculoso, nariz rota, toison negra en el pecho.
Al mediodía, en la mesa larga de roble, charlamos en inglés torpe. Sus acentos cockney me ponían cachonda, hablando de carreras, Arc de Triomphe, rock de los 70. Yo les devoraba con la mirada, notando bultos en sus pantalones grises. Por la tarde, trabajo en mi portátil en la suite, pero a las seis… sauna. Bajo en bata, la quito, entro con toalla en la cintura. ¡Sorpresa! Ahí están ellos, desnudos, pollas colgando gordas como no esperaba en tipos tan pequeños. ‘Hi Laura’, dicen riendo. Me siento enfrente, piernas abiertas un poco, toalla baja mostrando mi triángulo negro bien recortado. Sudor perlando mis tetas, olor a madera caliente y eucalipto. Sus vergas se endurecen, la de Bill ya tiesa. Les provoco: quito toalla, me seco los pechos despacio, coño a la vista, húmedo ya. Se pajean lento, sonriendo. Jack agarra la polla de Bill, se la mama tierno. Yo me excito viéndolos, salgo temblando.
La tensión sube en el sauna y la cena VIP
Se lo cuento a Enrique. ‘Eres una puta provocadora’, ríe él, besándome. Cena esa noche: yo sola mujer, centro de todo. Robe corta negra, oro en orejas, pelo suelto negro azabache. Bordeaux caro, risas subidas de tono sobre folladas en hipódromos. Postre, salón con chimenea crepitando, sofás de cuero suave. Jack y Bill a mi lado. ‘What a soft skin’, dice Jack, mano en mi muslo. Enrique fuma puro: ‘Indeed, very soft. I know’. Bill sube por la otra pierna. Miro a Enrique, él asiente: ‘Haz lo que sientas, amor. Se van mañana’. Espacio VIP se cierra: puertas, luces tenues, privacidad total.
Manos everywhere. Bill mete dedos en mi tanga, moja mi coño. Jack saca tetas, las amasa, muerde pezones. Yo abro sus braguetas: pollas duras, venosas, gordas. Chupo la de Bill primero, enorme, salada, lengua en el glande hinchado. ‘Oh fuck yes’, gruñe él. Jack me pone a cuatro patas, quita tanga, mete dos dedos en mi chochito chorreante, luego su verga: ¡zas! Me folla fuerte, cachetazo en culo. Enrique mira, polla fuera. Cambio: Bill detrás, polla monstruosa abre mi coño, grito ‘¡Joder, qué gorda!’. Chupo Jack, bolas peludas en nariz. Olor a sexo, sudor, cuero mojado.
El clímax brutal y el regreso a la elegancia
Quiero más. Empujo Jack abajo, me siento en su polla, coño lleno. A Bill: ‘Culo también’. Enrique pasa lubricante. Bill empuja en mi ano: dolor dulce, luego plenitud. Dos pollas separadas por membrana fina, frotándose dentro. Muevo cadera, gimo ‘Sí, folladme los dos agujeros’. Enrique delante: traga su verga, tres pollas mías. Ritmo acelera, tetas botando, saliva chorreando. Bill eyacula primero en culo: ‘Fuuuck!’, caliente pese al condón. Jack en coño, yo grito orgasmo brutal, tiemblo, pierdo visión. Enrique en boca, trago todo, salado espeso.
Jadeamos. Me limpian con toallas seda, visten. Champán burbujeante, risas. ‘Great night’, dicen ellos. Enrique me besa: ‘Mi diosa’. Regreso mesa como reina, piernas temblando, coño y culo palpitando. Secreto élite: miradas cómplices, nadie sabe. Ahora casados, pero esa noche… inolvidable.