Ay, chicas, no os imagináis lo que me pasó anoche. Estaba en ese yate privado anclado frente a Ibiza, uno de esos monstruos de 80 metros con cubierta de teca reluciente y olor a cuero nuevo mezclado con sal marina. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal que tintineaban con el vaivén del mar. Yo, vestida con un vestido de seda negra que se pegaba a mis curvas, tetas altas y culo prieto, charlando con él, ese magnate de 45 años, traje Armani impecable, mirada de depredador.
Hablábamos de contratos, eh… fusionar empresas, millones en juego. Sus ojos no paraban de bajar a mi escote, y yo… uf, sentía su polla endureciéndose bajo la mesa de caoba. ‘Carmen, firma aquí’, me dice, acercando el bolígrafo, su mano rozando la mía. El aire estaba cargado, perfume caro suyo, Chanel Allure, y mi coño empezando a humedecerse. Le miro fijo, labios entreabiertos, ‘¿Y si no quiero firmar todavía?’. Él sonríe, dientes perfectos, ‘Entonces negociemos en privado’. La tripulación desaparece como por arte de magia, puertas cerradas, el yate nuestro.
La tensión sube en el yate privado
De repente, su mano sube por mi muslo, seda resbalando, dedos fuertes abriendo paso. ‘Joder, Carmen, me tienes loco desde que subiste’. Yo gimo bajito, ‘Tú también, cabrón, con ese poder que me moja’. Me besa con furia, lengua invadiendo mi boca, sabor a whisky añejo y menta. Me arranca el vestido, tetas saltando libres, pezones duros como piedras. Él se desabrocha, polla enorme, venosa, goteando precum. ‘Chúpamela’, ordena, y yo de rodillas en la alfombra persa, boca llena, succionando fuerte, bolas en mi mano, olor a macho puro.
Me pone a cuatro patas sobre el sofá de cuero, nalgas al aire. ‘Voy a follarte como una puta de lujo’, gruñe, y entra de golpe, polla gruesa partiéndome el coño. Ay… duele y mola, embestidas brutales, piel chocando, sudor salado en mi espalda. ‘¡Más fuerte, joder, rómpeme!’, grito, uñas clavadas en el cuero que cruje. Me agarra el pelo, tira, me folla como animal, coño chorreando jugos por sus huevos. Cambio de posición, yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro, puta, agárrate’, y siento su leche caliente llenándome, espasmos, yo explotando en orgasmo, chorros mojando todo.
El clímax brutal y el regreso al lujo
Sigo montándolo, polla aún dura, ahora anal, lubricado con mi propio flujo. ‘¡En el culo, sí, métemela toda!’, empujo hacia atrás, él embiste, ano apretado ordeñándolo. Gime como loco, ‘Tu culo es mío’, y reviento otra vez, él eyaculando dentro, semen desbordando. Sudados, jadeantes, olor a sexo crudo en el aire, cuero pegajoso bajo nosotros.
Minutos después, como si nada. Me ayuda a vestirme, seda fresca de nuevo, pelo en su sitio. ‘Contrato firmado, Carmen. Discreción absoluta’. Brindamos con champagne frío, burbujas en lengua, sonrisas cómplices. La tripulación reaparece, sirviendo caviar, nadie sospecha. Bajo del yate al amanecer, piernas temblando, coño dolorido pero feliz, ese secreto elite grabado en mi piel. Poder, lujo, follada inolvidable. ¿Repetimos pronto?