Estaba en ese yate privado, anclado en la Costa Azul, el sol cayendo como fuego líquido sobre el mar. Yo, Sofia, vestida con un bikini de seda negra que rozaba mi piel como una caricia pecaminosa. Alex, mi compañero de siempre, moreno, ojos intensos, sentado con las piernas abiertas en el sofá de cuero blanco. Olía a sal marina mezclada con su colonia cara, intensa, masculina. Romain, el nuevo, el millonario con traje impecable, revisando contratos sobre la mesa de cristal. ‘Firma aquí, Sofia’, dice Romain, su voz grave, pero sus ojos se clavan en mis tetas, subiendo lento hasta mi boca.
No hablamos mucho al principio. Silencio pesado, solo el chapoteo del agua contra el casco. Alex me mira de reojo, celoso, aprieta el puño. ‘¿Y este Romain qué quiere?’, murmura, mientras Romain me pasa un flute de champán Dom Pérignon, frío, burbujeante en mi lengua. ‘Tu firma, y quizás más’, responde Romain con una sonrisa lobuna. Mi mano roza la de Alex al tomar los papeles, chispa eléctrica. La tensión sube, aire cargado de testosterona y deseo. ‘No sé si firmo’, digo yo, voz ronca, cruzando las piernas, sintiendo mi coño humedecerse bajo la seda.
La Tensión en el Yate de Lujo
De repente, Romain cierra la carpeta. ‘Basta de negocios. Este yate es nuestro ahora’. Se levanta, cierra la puerta de la cubierta VIP, el clic del pestillo como un disparo. Espacio privado. Alex se acerca, me agarra la nuca, beso salvaje, lengua invadiendo mi boca. Romain observa, polla ya dura bajo los pantalones. ‘¿Lo compartimos?’, pregunto yo, jadeando. ‘Joder, sí’, gruñe Alex, mientras Romain se desabrocha.
Alex me arranca el bikini, tetas al aire, pezones duros como diamantes. Me empuja contra la barandilla, cuero caliente bajo mis nalgas. ‘Chúpamela, puta’, ordena Romain, sacando su verga gruesa, venosa, goteando precum. Me arrodillo, olor a macho puro, salado. La meto en la boca, succiono fuerte, lengua girando el glande hinchado. Alex detrás, dedos en mi coño empapado, ‘Estás chorreando, zorra’. Me folla con dos dedos, chapoteo obsceno. Gimo con la polla de Romain en la garganta, babas cayendo por mi barbilla.
El Éxtasis Brutal y el Regreso al Glamour
Alex no espera, me levanta, piernas abiertas, me clava su polla dura como hierro en el coño. ‘¡Ahhh, joder!’, grito, paredes vaginales apretando. Romain me agarra las tetas, pellizca pezones, luego empuja su verga en mi culo, lubricado con mi saliva. Doble penetración, estirada al límite, dolor-placer brutal. Bombeamos, ritmos salvajes, sudor mezclado con champán derramado. ‘Fóllame más fuerte’, suplico, uñas en la espalda de Alex. Romain gruñe, ‘Tu culo es mío’. Alex acelera, ‘Me corro dentro’. Explosión, semen caliente llenándome, Romain eyacula en mi boca, trago todo, gusto amargo-salado.
Caemos exhaustos, cuerpos pegajosos. Minutos después, Romain se recompone, sirve más champán. ‘Contrato firmado’, dice con guiño. Alex ajusta su camisa, beso casual en mi mejilla. Yo me pongo el bikini, sonrisa serena, como si nada. Regreso a la mesa, firmo los papeles. Secretos de élite, miradas cómplices. Nadie en la tripulación sabrá. Solo nosotros tres, en este mundo de privilegios, donde el poder y el sexo se funden. Aún siento el hormigueo en mi coño, el sabor en la lengua. ¿Volverá a pasar? Claro que sí.