Acabo de bajar del yate, eh… las piernas me tiemblan todavía. Fue mi cumple de 30, en ese club exclusivo flotante anclado en la bahía de Marbella. Yo, la que los lanzó en el negocio, invité a Jean Michel, Stéphane y Didier. Jóvenes lobos de 23, con trajes Armani que olían a colonia cara y ambición. Les ayudé con sus primeros contratos, CAP del mundo real, ¿sabes? Ahora responsables de sectores, con pasta y pollas tiesas.
El salón VIP era puro lujo: sofás de cuero negro que crujían al sentarte, olor a cuero nuevo mezclado con sal marina. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua, frías y dulces. Vestía mi mini de seda negra, transparente bajo las luces tenues, sin bragas, solo ligueros. Mis tetas firmes, culo bronceado asomando. Ellos llegaban con botellas, sonrisas lobunas. ‘¡Felicidades, jefa! Más sexy que nunca’, dice Stéphane, ojos clavados en mis pezones duros.
El Yate de Lujo y la Tensión que Quema
Hablamos de dossiers, contratos millonarios. Firmamos uno rápido sobre la mesa de mármol, plumas Montblanc rascando papel. Pero las miradas… uf, quemaban. Jean Michel roza mi muslo ‘por accidente’, Didier me sirve champán rozando mis tetas. Mi marido? Ausente, golf con socios. Tension sube, aire espeso. ‘Venga, bailemos’, propongo, música Sade retumba. Luces bajan, espacio VIP se cierra: puerta privada al camarote principal, solo nosotros cuatro.
Ya en el camarote, alfombra persa bajo pies descalzos, cama king con sábanas de satén. Stéphane me pega, mano bajo falda, dedos en mi coño ya mojado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Le beso, lengua dentro, polla dura contra mi vientre. Los otros miran, pajas discretas. Me bajo la falda, quedo en ligueros, tetas al aire. ‘Desvístanse, cabrones’. A gatas, les bajo pantalones: la de Stéphane fina pero tiesa, Jean Michel gruesa con gotas precúm, Didier… ¡joder! Una polla monstruosa, venosa, no cierra mi mano.
Follada Brutal: Pollas Duras y Coño en Llamas
Empiezo con Didier, boca llena, garganta ahogada, babas chorreando. ‘¡Mmm, qué verga gorda!’, gimo. Stéphane y Jean en mi culo, dedos en ano, lengua en coño. Me follan la boca por turnos, pollas sudadas golpeando cachetes. Me tumban, piernas abiertas: Stéphane mete su polla fina en mi coño, rápido, ‘¡Fóllame fuerte!’. Jean chupa tetas, muerde pezones. Cambio: Didier empuja su monstruo, me parte en dos, grito ‘¡Aaaah, me rompes el coño!’. Bombeamos, sudor, olor a sexo y cuero. Me corren en la boca, tragamos semen salado, caliente. Tres pollas descargan: en tetas, cara, coño chorreante. Me masturban juntas, leche mezclada en mi piel.
Agotados, se visten. Yo, desnuda, semen goteando. ‘Ha sido… inolvidable’, susurra Stéphane, beso en frente. Salimos al salón como si nada: trajes impecables, yo con bata de seda. Brindamos último champán, hablamos contratos. Secretos de elite, miradas cómplices. Bajamos del yate, aire fresco borra olor a corrida. Mi marido me recoge, nota marcas… pero calla. Ahora, sola, toco mi coño hinchado. Quiero más.