Acabo de bajar del jet privado, joder, aún me tiemblan las piernas. Era uno de esos vuelos exclusivos de Madrid a Ibiza, solo para élites. Yo, con mi vestido de seda negro ceñido, tacones Louboutin rojos, perfume Chanel que impregna el aire. Él, un tipo de cuarenta, traje Armani impecable, manos fuertes con reloj Patek Philippe. Compartíamos la cabina VIP, champán Dom Pérignon en copas de cristal, el cuero de los asientos oliendo a nuevo, suave contra mi piel.
Estábamos revisando contratos, dossiers sobre inversiones millonarias. Nuestros ojos se cruzaban por encima de los papeles. ‘¿Todo en orden?’, me dijo con voz grave, mientras yo sentía su mirada bajando por mi escote. Asentí, mordiéndome el labio. ‘Sí… pero hay algo que me distrae’, murmuré, juguetona. El jet zumbaba suave, nubes abajo. Mi mano rozó la suya al pasar una página, electricidad pura. Él sonrió, depredador. ‘Este espacio es nuestro ahora’, dijo cerrando la mampara con un clic. Privacidad total. El aire se cargó, mi coño ya húmedo bajo las bragas de encaje.
La Tensión que Enciende el Aire de Lujo
Empecé sutil. Mi mano bajó al cuello, rozando la piel caliente. Él fingía leer, pero sus ojos me devoraban. ‘Estás preciosa así, nerviosa’, susurró. Cerré los ojos un segundo, dejando que mis dedos bajaran al pecho, apretando mi pezón duro bajo la seda. Olía su colonia cara, cuero y excitación. Su mano se posó en mi muslo, subiendo lento. ‘¿Quieres que pare?’, preguntó con voz ronca. ‘No… sigue’, gemí bajito. Las piernas se me abrieron solas, el vestido subiendo. Sus dedos encontraron mi tanga empapada, frotando mi clítoris hinchado. Joder, qué bien lo hacía.
No aguanté más. Me arrodillé entre sus piernas, el suelo mullido de alfombra persa. Le bajé la cremallera, saqué esa polla gruesa, venosa, ya tiesa como una barra de hierro. ‘Mira lo que me haces’, gruñó él. La lamí desde la base, sabor salado, bolas pesadas en mi mano. Chupé la cabeza, succionando fuerte, saliva goteando. Él me agarró el pelo, follando mi boca profundo. ‘Joder, qué boca, puta deliciosa’, jadeó. Me atragantaba, pero adoraba el control, el poder en sus caderas empujando.
El Éxtasis Brutal y el Secreto Elite
Me levantó, me tumbó en el sofá de cuero. Arrancó mi tanga, la tiró. ‘Mírate, coño chorreando, depilado perfecto’. Metió dos dedos, bombeando rápido, chapoteo húmedo. Gemí alto, ‘¡Fóllame ya, por favor!’. Se colocó entre mis piernas, polla rozando mi entrada. Entró de un golpe, llenándome hasta el fondo. ‘¡Ahhh, sí, así!’, grité. Me taladraba brutal, pellizcando pezones, mordiendo mi cuello. Sudor mezclado, piel contra piel, el jet temblando con nosotros. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro… ¡me corro!’, aullé, contrayéndome alrededor de su verga. Él rugió, ‘Toma mi leche, zorra’, eyaculando dentro, chorros calientes inundándome.
Jadeando, nos separamos. Limpié con toallitas de hilo egipcio, me arreglé el pelo. Él se subió los pantalones, sirvió más champán. ‘Excelente reunión’, dijo con sonrisa pícara, como si nada. Yo asentí, piernas flojas, coño palpitando con su semen goteando. El jet aterrizó suave. Bajamos, flashes de paparazzis afuera, pero nuestro secreto elite intacto. Caminamos elegantes, guiño cómplice. Aún siento el cuero en la piel, su sabor en la boca. ¿Repetimos pronto? Mmm, seguro.