Era principios de julio, mañana radiante en Ibiza. Acababa de pasar quince días en la Costa Brava, desconectando del todo. Antes de pillar el jet de vuelta a Madrid, me paro a ver a un matrimonio amigo. Son colegas de mi ex, sigo en contacto con ellos. A él, Luis, lo conozco de pasada, pero ella… Cristina, la mejor amiga de mi ex-mujer. La traté mucho en su día. Cuando rompí con ella, una noche nos enrollamos un rato: toqueteos calientes, besos salvajes… pero nada más. Nos fuimos a las dos de la matada, sin consumar. En aquel entonces, me la imaginaba follando sin parar. Fantasía recurrente.
Viven en una villa brutal en la zona VIP de Ibiza, con jardín infinito, piscina privada que se funde con el mar. Luis me abre la puerta, simpático. Me lleva a la terraza, donde Cristina prepara un brunch de lujo: ostras, champagne Dom Pérignon helado. Se cuelga de mi cuello para darme dos besos, su perfume caro me invade. Lleva un vestido de seda azul marino, botones juguetones, sandalias de verano. Mmm, qué buena está.
La tensión sube en la piscina infinita
Tomamos el aperitivo, charlamos contratos en la mesa de cristal. Ellos negocian yates privados, yo invierto en exclusivas. Luis habla de deals, pero mis ojos van a las piernas de Cristina, cruzándolas y descruzándolas. Entre los muslos, flashes de su tanga blanca de encaje. ¿Me está provocando? Nah, imaginación mía. Hemos bebido rosado fresco, olor a jazmín del jardín, tacto del cuero de los sofás mullidos. Se hace tarde, cigarros cubanos, cognac aterciopelado en la garganta.
Luis me guía a la suite de invitados. Mañana él se va temprano a una reunión en el club. Duermo como un tronco. Me levanto tarde, me pongo bikini negro, voy a la cocina. Café tibio, por la cristalera veo a Cristina en la piscina infinita, tumbada en hamaca Balinese. Se estira, su culo redondo perfecto, bikini mínimo que marca tetas pesadas, caderas anchas, piernas bronceadas. Me toco la polla disimuladamente, dura ya. Entra al agua despacio, salpica.
Salgo, la saludo. ‘¡Ey, Sofia! ¿Bien dormida?’ Sonríe entre brazadas. ‘Como un angelito, qué paz hay aquí.’ ‘¡Ven a refrescarte!’ Me cambio rápido, salto al agua fresca. Nos salpicamos, reímos. Sale lenta por la escalera, su culo a centímetros de mi cara. Agua chorreando por su piel, olor salado. Se seca con toalla de algodón egipcio, pezones duros bajo el bikini. Me quedo en el agua, mi polla tiesa. Tengo que calmarme.
Tumbados lado a lado, piel caliente del sol. ‘¿Recuerdas aquella noche que nos calentamos?’ dice bajito. ‘Eh… claro, ¿por qué?’ ‘Me da corte, pero lo he pensado mucho.’ ‘Yo también, quedó a medias.’ ‘Hay algo sin acabar, ¿no? Solo nosotros ahora, sol perfecto… Me muero por…’ Hésite, mordiéndose labio. ‘¿Por qué?’ ‘Por que me folles. Una vez, para quitármelo de la cabeza.’ Silencio. Me coge la mano, me arrastra a mi suite. Me empuja al king size, se sube encima, beso profundo, lengua jugosa. Huele a coco y sal.
Me baja el bikini, me mama la polla por encima de la tela. Mordisquea mi oreja, susurro: ‘Qué rica…’ Besos en cuello, pecho, baja al vientre. Saca mi verga gorda, la lame desde la base, bolas en su boca suave. Lengüetazos en el glande, salivosa. De golpe, me la traga entera, garganta profunda. Me la chupa frenética, succiona como puta experta. Agarro su melena rizada, follo su boca. ‘¡Joder, Cristina!’ Me corro en su garganta, traga todo, gemidos ahogados.
El clímax salvaje y el secreto élite
La desnudo, lamo sus tetas enormes, pezones duros. Bajo al coño depilado, mojado ya. Lo como con hambre: clítoris hinchado, labios jugosos. Gime fuerte, arquea espalda, se corre temblando, tirando de mi pelo. Me masturba de nuevo, dura al instante. Se monta, empala su coño en mi polla. Mueve el culo gordo lento, círculos viciosos. ‘¡Fóllame fuerte!’ Le amaso tetas, pellizco pezones. Agarro nalgas, embisto arriba. Gritos cortos, piel sudada. La pillo salvaje, chorros calientes dentro. Se derrumba, jadeos.
‘Duchémonos, Luis llega en una hora.’ Casual. Prepara mi maleta, ella entra: ‘Quédate esta tarde, nos escapamos.’ Ok. Esa tarde: follamos en cala privada, capó del Ferrari caliente. Vuelta, bajo ducha lluvia, piscina, jardín. Brutal.
Noche, cena en terraza. Luis feliz que me quede. Yo culpable, pero ella manda. Medianoche, él sube cansado, pastillas para dormir. Cinco minutos, levanta falda, tira tanga a mi cara. ‘¡Estás loca, está arriba!’ Ríe: ‘Duerme como piedra.’ Se abre la bata de seda, cuerpo desnudo perfecto. Se toca el coño frente a mí, dedo dentro, gemidos suaves. Yo saco polla, me pajeo lento. Me llama con dedo. Bajo pantalón, me lame huevos, los mama. ‘Tómame, la polla tiesa…’
En sofá, la penetro despacio, coño caliente apretado. Follemos sensual, minutos eternos. Me corro suave dentro. Besos teens. Sube.
Mañana, Luis se va. Ella en camisón seda, follamos maratón: misionero, perrito, ella encima. Orgasmo tras orgasmo.
Mediodía, cocina. Luis en barbacoa jardín. Ella detrás: mano en mi polla por bermuda. ‘¡Para!’ Masturba experta. Se sube encimera, falda arriba. ‘Fóllame última vez.’ La penetro rápido, embistes furiosos. Nos corremos juntos, mi leche dentro. ‘Souvenir…’ Rosé fresco, mesa lista. Secretos élite, apariencias intactas.