Esta mañana en el yate privado, el sol pegaba suave sobre la cubierta de teca. Mi amor y yo nos despertamos lento, envueltos en sábanas de seda italiana. Olía a sal marina y a su piel bronceada. Tenía una erección dura como piedra, y yo… pues, no pude resistir. Me deslicé bajo las sábanas, rozando con la lengua la punta de su polla. Mmm, sabor salado, venoso. Él fingía dormir, pero su mano bajó a mi nuca, suave. Subí besando su vientre, lamiendo el ombligo, hasta su boca. ‘Buenos días, cariño’, murmuré ronca. Nos perdimos en caricias: dedos en coños húmedos, dientes en pezones, uñas en espaldas. El orgasmo fue fusión total, sudados y jadeantes.
Ya cerca del mediodía, hambre real nos sacó. Bajamos al salón VIP del yate, mesa con caviar y champán Dom Pérignon. Burbujas frías en la garganta, crujiente. Discutíamos contratos millonarios, vistas al mar infinito. De repente, ¡mira quién pasa! Greta, la alemana de ojos verdes que vi en la ducha ejecutiva ayer. Musculosa, nadadora pro, pelo corto rubio, tetas pesadas con aureolas oscuras. Piercings en labios mayores, brillando. ‘¡Ey, preciosa!’, le grité. Ella sonrió pícara, se acercó con su copa. Katia, mi amor, se lamió los labios: ‘Joder, qué buena está. Sería mi postre perfecto’.
La tensión en la cubierta del yate
Charla fluida pese al idioma: ella de Colonia, 29, bi, con su amiga lesbi comprando en boutiques de lujo. Viene al club flotante por sexo sin límites. Su cuerpo… uff, contrastaba con mis curvas suaves. Yo tetas Barbie, ella puro gym. Invitó a su suite VIP: ‘Venid, schnaps alemán auténtico’. Subimos, haie de privacidad con cristal ahumado. Tumbados en cojines de cuero suave, olor embriagador. Tres chupitos culoseco, orejas ardiendo. Katia tropezó riendo, cayó en brazos de Greta. ‘¡Ups!’, risas. Beso fugaz… y bum, pasión desatada.
La suite se cerró, privada total. Paréos de seda volaron. Greta metió muslo entre piernas de Katia, que se frotaba ya cachonda. ‘Sí, así…’, gemí yo mirando. Besos babosos, manos en tetas, pezones duros. Entramos en la cabina king size, aire acondicionado fresco contra sudor. Yo a los pies de Katia, lamiendo su coño jugoso. Clit enorme, lo chupé como polla mini, lengua dura en ano apretado. Sabor a mar y excitación. Greta encima, Katia devolviéndole: lengua en piercings, tirando anneaux, follando vulva con dedos. Yo masajeaba clítoris de Katia, dos dedos en G-spot, ¡zas! Orgasmos chaining.
El clímax brutal en la suite privada
Greta sacó juguete azul: grueso, vibrador con bolas metálicas. ‘Mira esto’, dijo ronca. Se lo metió gimiendo, yo girando la rueda, vibrando lento. Polla mía en boca de Katia, compartida: succionan, lamen glande, besos con mi verga en medio. Joder, luché no correr. Luego strapon enorme, 20cm curvo. Se lo puso, follando a Katia a cuatro: ‘¡Fuck me harder!’, gritó ella. Coño dilatado, cyprine chorreando. Yo gel en culo de Greta, dos dedos fáciles, ya explorado. Mi polla entró, vibraciones del juguete vaginal masajeando mi glande. ‘¡Joder, qué coño de culo!’, eyaculando profundo, ella gritando.
Agotados, besos pegajosos. Katia jugaba con condón lleno de leche, ping-pong lenguas. Se lo comieron, beso salado. Ordenamos suite, vuelta a cubierta. Etiqueta elite: sonrisas discretas, contratos pendientes. ‘Esta noche, mi amiga os une’, susurró Greta. Secreto nuestro, adrenalina pura en este mundo VIP.