You are currently viewing Mi polvo salvaje con Alfonsina en el yate privado de Marbella

Mi polvo salvaje con Alfonsina en el yate privado de Marbella

Ay, chicas, acabo de bajar del yate más exclusivo de Marbella. Todavía huelo a su piel, a ese cuero italiano de su chaqueta que me volvía loca. Me llamo Carmen, soy de Madrid, pero vivo para estos momentos de pura adrenalina en el mundo VIP. Esa noche, en el lounge del hotel Five Stars, con vistas al mar, estaba revisando contratos con ella. Alfonsina. Dios, qué mujer. Alta, ancha de hombros, caderas anchas, tetas enormes que tensaban su blusa de seda. Parecía una amazona rusa, con ese pelo corto y grasiento, pero elegante, de esas que cierran tratos millonarios.

Nos sentamos en los sofás de piel blanca, champán Dom Pérignon burbujeando en las copas. El aire olía a sal marina y a su sudor sutil, mezclado con colonia cara. ‘Mira este dossier, Carmen’, me dice con voz grave, rozando mi rodilla con la suya. Yo asiento, pero mis ojos van a su escote. Sus pezones marcan la seda. ‘¿Te gusta lo que ves?’, gruñe bajito, sin apartar la mirada de los papeles. Mi coño se moja ya. Hago como que leo, pero mi mano tiembla. Ella se inclina, su aliento caliente en mi cuello. ‘Vamos a la cabina del yate. Es privado’. El ascensor panorámico baja al muelle, solo nosotras. Sus dedos aprietan mi culo. ‘Te voy a follar como mereces, princesita’.

La tensión sube en el lounge exclusivo

La puerta de la cabina VIP se cierra con clic metálico. Luces tenues, sábanas de satén negro, olor a cuero del asiento y a su excitación. Me empuja contra la pared, sus manos grandes desabotonan mi vestido. ‘Quítate todo, puta’. Obedezco, mis tetas saltan libres. Ella se arranca la chaqueta, el sujetador blanco simple deja ver ubres gordas, pezones gruesos duros como piedras. Me agarra las tetas, las amasa fuerte. ‘Mmm, qué ricas’. Baja la cabeza, me chupa un pezón, mordiendo. Gimo. ‘Sí, Alfonsina, así…’. Sus dedos bajan a mi tanga, la arranca. Mi coño peludo, chorreando, expuesto. ‘Estás empapada, zorra’. Mete dos dedos gordos dentro, me folla el coño con furia, el jugo salpica. Huele a sexo puro, ácido y dulce.

El sexo brutal en la cabina privada

Me tira al colchón de cuero, se quita los pantalones. Sin bragas, su chochazo ancho, labios carnosos, pelos largos revueltos. ‘Come mi coño, lame’. Me arrodillo, hundo la cara. Sabe salado, fuerte, como mar y sudor. Mi lengua en su clítoris hinchado, chupando. Ella gime como bestia, agarra mi pelo, me aplasta contra ella. ‘¡Más profundo, joder!’. Le meto la lengua entera, dedos en su culo apretado. Se corre gritando, un chorro me moja la boca. ‘Ahora te voy a reventar’. Saca un strap-on negro enorme del cajón, se lo pone. Me pone a cuatro patas, el yate se mece. Me escupe en el culo, mete la punta. ‘¡Aaaah!’, duele y excita. Me folla salvaje, polla falsa entrando y saliendo, mis tetas botando. ‘¡Fóllame más fuerte, Fonfo!’. Le digo Fonfo, como sus íntimos. Me da nalgadas, mi coño chorrea por las piernas. Cambio posición, ella encima, cabalgándome, sus ubres en mi cara. Chupo mientras me empala. ‘¡Me corro, me corro!’. Exploto, ella también, semen falso y mi leche mezclados. Me lame el coño después, sorbiendo todo, voraz. Oímos pasos fuera, pero no paramos. Otra follada rápida, de pie contra la cristalera, viendo el mar. La lleno de besos, ella mi culo con dedos.

Cinco minutos después, nos vestimos. Ella se pone la chaqueta de cuero, yo arreglo mi pelo. ‘Buen trato, Carmen’. Sonreímos, volvemos al lounge como reinas. Brindamos con champán frío, firmamos los contratos. Nadie nota mis piernas temblando ni su rastro de mi coño en su barbilla. Nuestro secreto de élite. Volveré, chicas. Esa Fonfo es adictiva. Prestige, poder, placer puro.

Leave a Reply